Histórico
23 enero 2009Jesús Camacho

Equipos históricos: Mágicos Magyares

magyares

La ciudad de Budapest es el resultado de la unificación en 1873, ocupando ambos lados del río Danubio, de las ciudades de Buda y Óbuda, en la orilla derecha, con Pest, en la orilla izquierda. Es una maravillosa urbe fluvial en la que se funden  la belleza y la tragedia, la añoranza y la pasión por la vida. El fruto de un pueblo llegado a Centroeuropa en torno al siglo X desde las estepas asiáticas, un pueblo guerrero, jinete y cazador, que con las indudables aportaciones de los pueblos circundantes acabaron por construir una majestuosa ciudad en la que nunca hubieron medias tintas, es el todo o la nada, la belleza infinita o la tragedia. Por ello el Danubio, el emperador de los ríos europeos, espectacular ya desde las tierras bávaras de Passau, la eligió como su “Perla”, “La Perla del Danubio”.

Esta ciudad representa por tanto a todo un pueblo, a un país como Hungría, en el que se habla Magyar (como lo llaman ellos), Hugarian (en inglés) o húngaro (en castellano). El “magyar” es un idioma bastante complicado, principalmente porque no se trata de una lengua indoeuropea, esta característica es una de las muchas que les convierten en diferentes, en un pueblo único que eligió en un momento de su historia al fútbol para permanecer en la memoria. Y es que en definitiva una de las cosas que nos hace grande a los seres humanos es la diversidad de culturas, la pluralidad y la capacidad de los pueblos para expresar por distintos caminos el arte y la pasión que llevan dentro. En este sentido y aunque algunos no compartan esta opinión, para mí lo realmente importante y lo que queda grabado en el corazón de la gente es la forma en la que fuimos a conseguir la victoria y no el hecho de conseguirla. Y es en este punto donde realmente brilló aquella selección húngara, un equipo que maravilló al mundo a finales de la década de los cuarenta y primera mitad del cincuenta. Aquel que pasó a la historia con el sobrenombre de “Mágicos Magyares”.

Pero antes para llegar al punto en el que esta magnífica generación de oro del fútbol húngaro asombró al mundo debemos adentrarnos un poco en la gestación, formación y culminación del fútbol “Estilo Danubio”.

Declaró una vez el histórico técnico Gusztav Sebes, que Jimmy Hogan, fundador inglés del ‘fútbol moqueta’ y de lo que luego llegaría a llamarse ‘estilo Danubio’, fue el que les había enseñado todo lo que sabían sobre fútbol. Hogan además de crear junto a Meisl el inolvidable Wunderteam, dejó para el recuerdo aquel MTK Budapest que arrolló en Hungría, juntos sembraron aquella semilla que germinó en aquel “Wonderteam” austriaco y que floreció en Hungría.

Allí técnicos como Márton Bukovi, Gusztáv Sebes o Bela Guttman hicieron florecer aquella semilla. En espíritu todos comulgaban con las ideas de Hogan pero en concreto y a nivel táctico sería el MTK el que aportaría el sello táctico diferencial.

MTK, 4-2-4

A mediados de los años 50, los húngaros implantaron unas innovaciones tácticas que revolucionaron el mundo del fútbol. Hasta entonces el sistema comúnmente más utilizado era el 3-2-2-3, con dos defensas y un central en la línea de atrás, dos mediocentros defensivos, dos mediapuntas, dos extremos y un delantero centro en ataque. Fue entonces cuando Béla Guttmann por entonces técnico del MTK,  retrasó al delantero centro, al centro del campo y creó superioridad en la línea, dando estabilidad a la defensa y estableciendo de esta manera un 4-2-4.

Se puede considerar que Péter Palotás y Nándor Hidegkuti, fueron los primeros delanteros centro retrasados (aunque el suizo Karl Rappan, ya había efectuado con anterioridad esta innovación táctica) de la historia del fútbol europeo. El resultado fue realmente espectacular y el por entonces seleccionador Gustáv Sebes lo llevó a la práctica en la Selección húngara.

“Fútbol Total”

Aunque nunca estuve de acuerdo con la politización del fútbol la historia nos dice que en el caso de Sebes (como en otros tantos), este deporte fue utilizado como medio propagandístico de sus ideas. En este caso de ideología socialista, quizás por ello la idea de que todos los hombres tuvieran un peso equivalente en el juego y fueran capaces de actuar en todas las posiciones, encajaba perfectamente con las suyas. Fue a lo que él llamó “Futbol socialista” pero lo que en realidad se llamaba “Futbol Total”, aquel fútbol moqueta de Hogan.

Aún así es absolutamente elogiable el hecho de apostar por ello y aunque el gobierno comunista de Hungría solo pretendía una utilización propagandística del deporte al menos se consiguió conformar un equipo de leyenda.  Los “Mágicos Magyares”, también conocidos como el Aranycsapat (‘Equipo de oro’) húngaro que marcaron un punto de inflexión en cuanto a táctica, dinámica de grupo y fluidez sobre el terreno de juego.

Por entonces Sebes, tenía el cargo de Viceministro de Deportes, y desde el citado cargo pudo controlar completamente la planificación de su equipo, eligiendo a sus pupilos a partir de dos clubes, el Honved y el Franja Roja (hoy llamado MTK).

La movilidad de los jugadores en el nuevo sistema volvió prácticamente locos a los defensas rivales, que sin la referencia clara de un delantero centro, no sabían a quién marcar. A partir de aquí se comenzó a fraguar uno de los mejores equipos de la historia, que practicó un fútbol de alta escuela y maravilló al Mundo.

Helsinki 1952

Tras dos años sin una sola derrota, llegaron a los JJOO de Helsinki de 1952, con un solo objetivo: obtener el oro para su país. Y a fe que lo consiguió, arrollaron, 3 a 0 a Italia, 7 a 1 a Turquía, 6 a 0 a Suecia en semifinales y tan solo tuvieron que emplearse a fondo en la final ante Yugoslavia, que vendió cara su derrota, jugando un muy buen partido. En cualquier caso la clase de estos magyares, y a los 25 minutos Puskas anotaba el 1 a 0, un marcador que no pudieron aumentar hasta el tramo final del encuentro, cuando a los 88, Czibor decretaba el 2-0 y Hungría se consagraba campeón olímpico. Fue el justo premio a un equipo que dejó su sello allá por donde pasó pero especialmente en Wembley, donde Hungría alcanzó su cenit futbolístico.

Wembley, año 1953, día 25 de noviembre

Aquel día se puede considerar que el fútbol de ataque triunfó por todo lo alto y sentó las bases para que diversos equipos históricos intentaran emular a la mítica y como muchos creen “mística y celestial” selección magyar que destapó el tarro de las esencias en uno de los escenarios más señeros de la historia del fútbol. Todo ello ante una selección inglesa dirigida técnicamente por Walter Winterbottom y capitaneada por el legendario Billy Wright. Un equipo imbatible en su feudo e infranqueable en el mítico estadio de las Torres Gemelas.

Era una tarde fría de invierno cuando aquellos míticos húngaros dirigidos por Sebes helaron a los ingleses y les endosaron un duro 3-6 que marcó un hito en la historia de este deporte. Y es que aquel día Hungría saltó al terreno de juego con una delantera formada por Kocsis, Czibor, Puskas, Hidegkuti y Budai, una línea de ataque en formación W (dos extremos y dos mediapuntas asistiendo a Hidegkuti) pero que en el transcurso del encuentro se convirtió en M, cuando el genial Nandor Hidegkuti retrasó su posición y convirtió a los dos mediapuntas en puntas y a él mismo en mediapunta poniendo literalmente patas abajo la clásica W inglesa en la cuna del fútbol.

Hidegkuti anotó tres tantos y Hungría barrió del campo a Inglaterra, que no pudo frenar las acometidas de los que podríamos considerar como cinco atacantes magyares. La superioridad sobre el conjunto británico fue abrumadora y los que tuvieron la oportunidad de ver en directo o jugar incluso el partido no dudan en afirmar que el resultado se quedó corto para los merecimientos del conjunto de Gusztav Sebes. El fútbol de ataque recibió uno de los más merecidos homenajes de su historia, la practicidad y los aires de superioridad de los creadores del fútbol quedaron reducidos a cenizas y pese a que los ingleses pretendieron llevarse la revancha en Budapest, volvieron a sufrir el mismo o mayor correctivo encajando un doloroso e impactante 7-1.

Por ello no son de extrañar las declaraciones de dos de los protagonistas ingleses que estuvieron presentes en aquel mágico día. Tom Finney, que estuvo en el campo ese día, resumió el partido diciendo que fue como una competición entre “caballos de carreras contra caballos de tiro… Fue la mejor selección nacional contra la que he jugado nunca, un equipo maravilloso de ver con tácticas que no habíamos presenciado nunca antes”. Por otra parte sir Stanley Matthews, otra leyenda británica coincidía plenamente y declaraba lo siguiente: “Fue el mejor equipo contra el que he jugado. El mejor de todos los tiempos”.

Los 100,000 aficionados que abarrotaban Wembley recibieron una maravillosa lección de fútbol de ataque, de pases largos, cortos, velocidad con balón y sin él y verticalidad. Puskas (el “Mayor galopante”) anotó dos tantos y Nandor Hidegkuti, (aquel atípico delantero que se convirtió en el punto de apoyo del equipo), tal y como hemos citado anteriormente anotó un hat trick. Kocsis y Puskas lanzaban al equipo desde las posiciones de interior derecho e izquierdo respectivamente y Nandor dejaba patente su visión y profundidad.

Los ingleses no la recuerdan como una tarde triste puesto que por encima de todo y dando una vez más ejemplo de su deportividad, consideran que es un orgullo y no una humillación para ellos el hecho de haber albergado en el verde tapete de Wembley aquel mágico partido en el que Hungría que llegó a disparar 35 veces a portería, por las cinco de Inglaterra, sentó cátedra en la historia del fútbol.

Aquella irrepetible selección dirigida por Gusztav Sebes fue la formada por: Gyula Grosics (1), Jozsef Bozsik (5), Mihaly Lantos (4) y Jeno Buzanszki (2); Jozsef Zakarias (6) y Gyula Lorant (3); Zoltan Czibor (11), Sandor Kocsis (8), Nandor Hidegkuti (9), Ferenc Puskas (10) y Laszlo Budai y Jozsef Toth (7). A ellos habría que unir también los nombres de Peter Palotas (19), Mihaly Toth (20) y Ferenc Szojka (15) entre otros.

Mundial de Suiza de 1954

Europa estaba rendida ante el equipo húngaro y el Mundial de 1954 parecía tener dueño de antemano, pero Alemania, se cruzó en su destino con el “Milagro de Berna” (DAS WUNDER VON BERN).

Nadie podía presagiar lo que sucedería y es que los ‘Mágicos Magyares‘  habían registrado el mayor periodo sin conocer la derrota de toda la historia del fútbol internacional (que estuvo vigente hasta la década de los 90). Un periodo que se prolongó por espacio de cuatro años y 31 partidos (27 victorias). Incluyendo en la misma las goleadas en aquel Mundial de Suiza a Corea del Sur (9-0) y a la República Federal de Alemania (8-3) en la fase de grupos, y sendas victorias ante Brasil y Uruguay, por 4-2 en cuartos y en semifinales respectivamente.

Todo sobre ruedas hasta aquel 4 de julio de 1954, en el que los grandes favoritos, fueron derrotados, para sorpresa de propios y extraños. Y eso que comenzaron ganando 2 a 0 en los primeros ocho minutos, pero la selección alemana acabó con aquel sueño Magyar. La Mannschaft igualó la contienda en sólo 10 minutos y consiguió el gol de la victoria a seis minutos para el final consiguiendo el legendario DAS WUNDER VON BERN.

Una derrota en la que las lesiones, la lluvia, el empapado estadio Wankdorf de Berna, la mala suerte, la fortaleza mental y física del conjunto alemán y la presión asestaron aquel duro golpe al fútbol mágico de los húngaros.

El final de un sueño

Fue una dolorosa derrota tras la que lograron levantarse nuevamente e iniciar una nueva racha de 18 partidos invictos, en la cual se convirtieron en el primer equipo en derrotar a la selección de fútbol de la Unión Soviética en la URSS.

Pero la era de los “Mágicos Magyares” tenía ya marcado su final, un final que se inició con la Revolución Húngara de 1956. Un año en el que el Honvéd, participó en la Copa de Campeones de Europa y en la ida empató ante el Atlético Bilbao. En la vuelta el conjunto húngaro viajó a Bilbao, y mientras estaban en dicha ciudad estalló la revolución en Budapest. Muchos de los jugadores, como Zoltán Czibor, Sándor Kocsis y Ferenc Puskás decidieron no regresar a su país y quedarse en Europa Occidental, dando por finalizado un sueño magyar que hipnotizó al mundo y que quedó grabado en la memoria del aficionado.

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