Histórico
30 diciembre 2008Francisco Ortí

Una charla diferente

Winston Churchill era un tipo de figura redondeada y aficiones etílicas. Unos rasgos que no encajan en el perfil ideal para un líder, pero, sin embargo, protagonizó una de las carreras más prolíficas tanto en política como en literatura y en el ejercito. La labia era su arma más peligrosa. Era un orador sublime capaz de enardecer a las masas con un par de frases.

“No tengo nada que ofrecerles que no sea sangre, sudor, lágrimas y esfuerzo” o “no me quitéis el referéndum, que me matáis la democracia”, son dos de las frases más famosas de este Bulldog inglés que demostró que las mandíbulas no son tan potentes como un afilado ingenio.

Phil Brown, entrenador del Hull City, recordó a Churchill durante el Boxing Day con un discurso diferente. Su equipo visitaba al millonario Manchester City. Cuando el árbitro Andre Marriner señaló el camino de los vestuarios los jugadores de Hull abandonaron el terreno de juego cabizbajos por culpa del 4-0 iluminado en el marcador. Brown no estaba dispuesto a que la humillación continuara en la segunda mitad y decidió improvisar.

El técnico agarró a sus jugadores y les impidió acceder a los vestuarios. La charla entre tiempos tendría un escenario diferente: el terreno de juego. Cómo si se tratan de colegiales, los jugadores se sentaron sobre el césped rodeando a su entrenador, quien se dispuso a realizar la arenga escoltado por los 4.000 aficionados del Hull desplazados hasta Manchester.

“Somos el Hull y jugamos feo. Hemos querido jugar bonito ante el Manchester City y nos han humillado. No olviden que somos el Hull City, jugamos feo y es así como ganamos los partidos“, gritó Brown mientras los aficionados aplaudían la valentía que había demostrado su entrenador al tomar esta peculiar decisión.

El Hull City acabó siendo derrotado por 5-1, aunque Brown señaló que en la segunda mitad se recuperó “un poco de orgullo en la segunda mitad, aunque ya era demasiado tarde”. La arenga no fue suficiente para remontar en Manchester, pero ha marcado la pauta para el futuro.

Phil Brown y su Hull, como Churchill, sólo pueden prometer la misma sangre, sudor, lágrimas y esfuerzo que les había convertido en el equipo revelación en la Premier League. Este martes, ante el Aston Villa los jugadores del Hull City quieren volver a ser Tigers. Brown les estará vigilando.

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