Análisis e historias del fútbol internacional contadas por los mejores especialistas.

Archivo Mensual: Octubre 2008

Con los pelos de punta…

España recibe el merecido homenaje a un recuerdo histórico e irrepetible. Los que estuvimos allí y lo vivimos diariamente con los protagonistas, no podemos ignorar una emoción profunda e inigualable. ¿A qué español no se le ponen los pelos de punta?


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¿Fernando Berbatov o Dimitar Redondo?

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Derrocando la ‘tranquilidad’ de Kalmar

En la Europa futbolística de primer nivel, la que cada día reclama los titulares de medio planeta y representa el principal filón del deporte de masas por antonomasia, la temporada prácticamente está empezando. Se habla de las primeras decepciones y de los inesperados animadores en cada torneo, pero en otros puntos del continente los campeonatos están rozando su final y, en algunos casos, también con grandes sorpresas. Un perfecto ejemplo es el del Kalmar FF, que está a sólo dos jornadas de convertirse en campeón del Allsvenskan 2008 y estrenar título liguero.

Concentrada en el sureste de Suecia y rodeada de industrias y centros universitarios que la llenan de vida pese a sus poco más de 35.000 habitantes, Kalmar es el prototipo ideal de ciudad donde perderse en tiempos de inquietud. Con el Mar Báltico y sus aguas serenas de fondo, el fútbol ha querido derrocar tan inquebrantable tranquilidad a base de goles, los mismos que pueden desencadenar la mayor locura de la historia de la ciudad en apenas diez días, cuando el Kalmar FF levante el que será su primer título liguero.

Pese a estar cercano a cumplir su centenario, el Kalmar es un club modesto que ha pasado más de tres décadas en las divisiones inferiores del fútbol sueco. Sin ir más lejos, hace sólo cinco años que está de vuelta entre los grandes del país. Esa irregularidad deportiva le valió para renovar positivamente la estructura directiva y paliar de una vez la crisis económica que venía arrastrando. Esos avances extradeportivos unidos a la venta de varios de sus mejores jugadores al extranjero, generó la posibilidad de crear un nuevo proyecto en torno a unas bases que vienen funcionando en los últimos años y que tendrán la mejor recompensa en breve.

Tras acercarse año tras año a la zona noble y entrando en competiciones europeas (Sólo los tres primeros y el ganador de Copa se clasifican), el pasado año rozaron el ‘doblete’ al conseguir la Copa (tercera de su historia) y ser sub-campeones. Esa progresión en apenas unos años reflejaba las evidentes mejoras que había sabido explotar el técnico, Nanne Bergstrand, un hombre de la ‘casa’, ex jugador y que pasa su segunda etapa en el club.

La regularidad ha sido su mejor aliado en una temporada muy larga (empezó en marzo) que sólo tuvo un ‘punto negro’ en la eliminación de UEFA a cargo del Feyenoord. En el Allsvenskan 2008, su andar ha sido firme aunque siempre ha estado perseguido de cerca por equipos de mayor nombre como Elfsborg, Goteborg o Helsingborgs, de los cuales sólo el primero (actual campeón), puede evitar el final feliz que todos tienen previsto en el antediluviano Fredriksskans. Allí, en un campo con casi un siglo de historia que no ha vivido remodelaciones importantes y que dejará su lugar al moderno Nya Kalmar Arena en apenas dos años, se vivió un paso clave este miércoles. El Kalmar logró remontar al Gefle (3-1) y sellar una nueva victoria que le deja tres puntos por delante del segundo clasificado a falta de sólo dos jornadas.

La plantilla de Nanne Bergstrand reúne a jóvenes prometedores con jugadores experimentados en el fútbol escandinavo. Curiosamente, sus extranjeros, que han sustentado con sus traspasos la remodelación estructural del club, no son ni mucho menos las estrellas en esta campaña sino que están pasando desapercibidos. Sólo el francés Sorin es titular. Y es que el nivel de los jugadores nacionales está siendo la gran baza. El veterano Wasta es fijo en la portería, con dos laterales de proyección y dos centrales experimentados que completan la línea de cuatro. La fuerza está en mediocampo, donde el mejor jugador está siendo Ingelsten, que suma 16 goles y tiene una historia singular. Viktor Elm pone la calidad y Rydström la sabiduría destructiva. Rasmus Elm es el mediapunta creativo con gol y, por delante, más como punto de referencia que como hombre gol, está Stephan Larsson o el joven nigeriano Dauda.

Estos ‘mimbres’ pueden cerrar a lo grande un proyecto cautivador el próximo 10 de noviembre, última jornada de un Allsvenskan que dejará, además de los históricos goles del mítico Henrik Larsson (lleva trece hasta la fecha y es tercero en la tabla de goleadores), una fiesta sin igual en la perdurable tranquilidad de la coqueta Kalmar.

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El provocativo reto de Denizli

Los graderíos del fútbol turco son desde hace muchos años el principal temor y síntoma de amedrentamiento de todos los rivales europeos que por allí se asoman. La tensión de cada duelo, la pasión de una afición enloquecida con sus colores (sobre todo cuando la selección aparece en escena) y lo idolatrado de las estrellas futbolísticas en una tierra donde el fútbol acompaña de cerca a la religión en cuanto a relevancia nacional (en palabras que me pronunció un periodista otomano durante la Eurocopa), son ancestrales características de un ambiente casi exclusivo. Es, a fin de cuentas, la mejor excusa para abastecer esa sangre subversiva que parece contener cada turco en interior cuando un balón anda por medio.

En la majestuosa Estambul, ese temperamento agitador engloba demasiadas rivalidades en los tres grandes equipos de la ciudad, que ejemplifican a la perfección las más efusivas intenciones de derrocar a su vecino. El carácter cosmopolita de una ciudad asombrosa donde coinciden oriente-occidente, Asia-Europa y hasta cristiandad-islam, desata un digesto armonioso, único, envidiable. En él, hay cabida para seguidores del Galatasaray, Fenerbahce o Besiktas, auténticos ‘gigantes’ en la ciudad, con numerosas anécdotas entre sí y recuerdos que alimentan las hostilidades. Uno de ellos lo protagoniza aún hoy en día, Mustafa Denizli.

Tras ser idolatrado en su larga carrera como delantero profesional, en la que guardó absoluta adoración y fidelidad a los colores del Altay SK, de su ciudad natal (Izmir) al defenderlos durante 17 temporadas e incluso ser internacional turco en diez ocasiones, Denizli probó un año en el Galatasaray antes de colgar las botas. Esa campaña de despedida en uno de los punteros del país, no respondía a sus cualidades físicas, sino a su capacidad a la hora de organizar, crear grupos unidos y devolver al fútbol base toda aquella experiencia acumulada durante casi dos décadas. Así, su traspaso pronto dejó ver que, sobre el telón de fondo se escondía una propuesta para entrar en el cuerpo técnico del equipo Cimbom.

Después de dos años como asistente del alemán Jupp Derwal (seleccionador germano en la Eurocopa de 1980 ganada por Alemania), pasó a ser primer entrenador como se había presagiado y su éxito fue tan prematuro en los planes del club como inminente en cuestión de títulos. Así, en su año de debut llevó al Galata al título liguero, y apenas unos meses después, pudo alcanzar el mayor éxito del fútbol turco al caer en semifinales de la antigua Copa de Europa ante el Steaua de Bucarest (que luego perdería con el milan). Tras escaparse con sorpresa al modesto Alemania Aachen durante un año de relax que el atribuyó a “experimentos en otro entorno”, regresó sin mucho brillo y con una Supercopa como despedida.

Aquellos ocho años de gran enriquecimiento personal encaminados a engendrar un gran técnico, encontraron un merecido descanso hasta que reapareció en el modesto Kocaelispor para llevarle a disputar por vez primera competiciones europeas e imponerse en la Copa. Aquello animó definitivamente a la Federación Turca que no dudó en ofrecerle el cargo de seleccionador con vistas a la Eurocopa 2000. Denizli les llevó hasta la fase final y les metió en cuartos, algo que nunca había conocido en el país.

Pese a aquellos grandes elogios, su idea era volver a un grande y surgió la oportunidad de recalar en el Fenerbahce, rival histórico de su ‘querido’ Galatasaray. Se decidió a empezar de cero un proyecto con un déficit de títulos importante pero fue capaz de generar expectativas hasta repetir de nuevo un triunfo liguero en su año de debut. Fiel a sus decisiones controvertidas, dejó todo en unos meses para iniciar un periplo exótico por rincones como Manisaspor, Teherán o Persepolis y negociar sus posibles aventuras como seleccionador en Nigeria o Irán.

Hace apenas dos semanas, Denizli regresó a la capital turca, donde le esperaba un nuevo proyecto que le hace ser realmente único. El Besiktas pensó en el tras el cese de Ertugrul Saglam y le firmó para lo que resta de campaña. De esta manera, el peculiar técnico completa el paso por los tres grandes de Estambul, un auténtico lujo al alcance de muy pocos y un riesgo elemental para cualquier aficionado al fútbol en el país, ya que por una razón u otra, le guardará tanto cariño como enemistad.

El reto, provocativo para unos y ejemplar para el resto, va más allá de ser el primer técnico en dirigir a los tres enemigos, sino que se culminará cuando logre repetir el título liguero con el Besiktas como ya hiciera con sus rivales. Por ahora, las Águilas Negras son líderes.

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El ‘cajero’ de Cairú

Ensombrecidos por las grandes estrellas que reinan en las grandes ligas europeas, son muchos los jugadores que durante sus primeros años de éxito fuera del entorno continental, elijen iniciar su trayectoria en campeonatos de menor caché. La juventud, la sabiduría consentida de sus agentes y el dinero que retumba en las cabezas de juveniles con ganas de hacerse notar, son las principales razones por las que muchos desembarcan en la Eredivisie, Bundesliga, Premier Rusa o, más tradicionalmente en Brasil, la Sagres portuguesa. Dentro de este último sector, se aglutinan una gran cantidad de brasileños que aprovechan el lenguaje similar para dar un escalón inferior a la élite pero que les dará reputación para encaramarse con un par de años.

Esta ‘colonia’ brasileña que durante la última década a llegado en masa al campeonato luso, tiene un icono referencial que se sobrepone al resto. Con cifras escandalosas de goles durante varias campañas y siendo clave en todos los pequeños logros de su club tanto en Europa como a nivel nacional, la parte verdiblanca de Lisboa, la del Sporting, no encuentra justo reconocimiento a su querido artillero: Liedson, el ‘reponedor’ de goles.

La humilde infancia que tuvo que padecer en su Cairú natal, un archipiélago de Bahía aún hoy poblado principalmente por colonos portugueses, hacía presagiar un vínculo importante para el joven, que no tuvo más remedio que ayudar en labores familiares para llevar el pan a casa. Así, en mitad de sus sueños futboleros, aún recuerdan en la zona cómo Liedson entró a trabajar en el supermercado del pueblo, donde constantemente se le veían lágrimas de impotencia. Al parecer, rebeló sus objetivos con un balón en los pies a los compañeros que, desde luego, se lo tomaban a guasa y vacilaban aquellas esperanzas en un carácter muy superficial.

El modestísimo Pocoes le dio la opción de mostrar a sus allegados que aquellas noches en ‘vela’ podían tener un destino brillante. El, se encargó de concretarlo a base de goles en Coritiba, Flamengo y Corinthians, donde ya evidenció ser un hombre válido para dar el salto al nivel europeo con goles que valieron el campeonato al Timao. Su familia, la que aún comía con el dinero de aquellas tardes de supermercado entre lloriqueos, abandonó el umbral humilde cuando la meta de Liedson se hizo realidad al aceptar una gran oferta del Sporting de Lisboa. Los leones lo llevaban a un ambiente distinto pero rodeado de los mismos colonos a los que atendía en la caja del supermarket. Nada podía fallar.

Dejando una treintena de goles en poco más de dos años como profesional en Brasil, su llegada al José Alvalade respondía firmemente a una renovación en el ataque del club, que había perdido ese mismo verano a dos perlas de su exquisita y potente cantera, Cristiano Ronaldo y Quaresma (casi nada). La velocidad del que pronto llamaron Levezinho, implantó huella en unos partidos, ya que no tardó en consumar su capacidad a la hora de hacer hablar redes rivales. 38 goles en sus dos primeras temporadas, muchos de elos en clásicos y siendo ocho de ellos vitales para llevar a su equipo a la final de la Copa UEFA, reflejaron el acierto en su fichaje y el cariño que toda la afición verdiblanca le tomó de inmediato.

Esas cifras no se han reducido con el paso del tiempo porque, cinco años más tarde, suma un total de 112 goles, lo que le coloca a la altura de los grandes artilleros de la historia del club. A pesar de las grandes perlas que produce el trabajo juvenil del club, con nombres como Moutinho, Veloso o Rui Patricio, el ídolo de la afición es su querido goleador, al que idolatran semana tras semana con la misma pancarta: “Liedson resolve” (Liedson resuelve).

A pesar de haber sido tanteado por el Sevilla, de haber recibido ofertas irrechazables desde Brasil y de encaramarse durante varias campañas a los primeros puestos en la tabla de goleadores, a Liedson no le llegó el salto definitivo. Reclamando aún su protagonismo y después de haber estado cinco meses lesionado por un problema de rodilla, ha reaparecido con dos goles en sus dos primeros partidos de la temporada que se traducen en tres puntos ligueros que le meten en zona alta y, sobre todo, tres más en Champions imponiendo se ley al frío de Doneskt.

Recordando que Brasil no le pidió ayuda cuando pasó una crisis de delanteros hace meses, y que el se siente portugués al confirmar que está en trámites de nacionalización lusa, el panorama internacional le espera. Sus 30 años son un punto negro pero conociendo la ausencia de goles en la Portugal de Queiroz, la falta de un delantero potente desde hace décadas y la eficacia demostrada, dejar escapar al ‘Cajero de Cairú’, sería un error.

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La finalísima de la Champions Asia

Rompiendo el favoritismo de sus rivales y accediendo a que será su primera gran final, Adelaide United y Gamba Osaka se han impuesto al Bunyodkor uzbeco de Rivaldo y Zico así como al actual campeón y principal candidato, el Urawa Red.

El famoso Bunyodkor (Kuruvchi en otra época), no ha podido culminar la hazaña para la que había preparado varios cheques en blanco durante la temporada. El dinero del presidente uzbeco, dispuesto a adueñarse del mercado asiático y llevar a su entidad al Mundial de clubes del próximo mes de diciembre, no ha sido suficiente. Tras el injusto 3-0 de la Ida, donde el Adelaide United tuvo más pegada pero fue dominado, los de Rivaldo sólo lograron recortar con un gol de Pardaev.

La sorpresa estuvo en el enfrentamiento nipón entre Urawa Red, actual campeón y candidato número uno al título y sus compatriotas del Gamba Osaka, que no habían logrado traerse un buen resultado de la Ida pese a ser superiores. Con todo igualado, la pasión de los graderíos del famoso Kotaba (o Saitama tras su remodelación), aseguraban un partido espectacular que se abrió con un gol del ex punta del Hamburgo, Takahara. Sin embargo, el cuadro visitante, actual campeón de Copa y Supercopa japonesa, dio la vuelta al marcador con tantos de Yamaguchi, Yama en propia puerta y el definitivo de Endo. Una sorpresa entre dos viejos rivales.

Ahora toca esperar a mediados del mes de noviembre (5 y 12), para disipar quien será el campeón y accederá directamente al Mundial de Clubes de Japón. Favorito claro no hay pero sí es cierto que el carácter y juego del Gamba ha sido de lo mejor del torneo, mientras los aussie se basan en su defensa y en las acciones de sus estrellas brasileñas.

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La metamorfosis de Emery

Era mayo. Un Valencia en ruinas despedía la temporada ante una afición que deseaba que el partido concluyera cuando antes. Era necesario empezar a trabajar en olvidar lo sucedido durante los últimos meses. Ni la Copa del Rey, ofrecida por los jugadores desde el terreno de juego, logró ahogar las penas de un valencianismo que se había fijado metas altas y en cambio celebraba la permanencia.

Los meses de angustia en los que el descenso se convirtió en la peor pesadilla –con permiso de Ronald Koeman- llegaban a su fin, pero se presentaba un futuro dudoso. La figura de Juan Soler y los rumores de unas arcas famélicas no invitaban al optimismo.

Es octubre. Todo ha cambiado. Los aficionados acuden a Mestalla con ilusión y se marchan sonrientes. Visitar el estadio ha dejado de ser un castigo. Es un deleite. El Valencia mira desde arriba la Liga y presume de su condición de invicto. “Hay margen de mejora en casa”, sentenció Unai Emery tras el último partido en Mestalla. El Valencia había ganado por 4-0 al Numancia e igualaba los registros del equipo que consiguió el doblete con Rafa Benítez. Ese es el secreto del nuevo Valencia. Su ambición y falta de conformismo. El carácter ganador que ha sabido contagiar Emery a un equipo que estaba roto pocos meses antes.

El técnico ché llegó a Valencia enarbolando la palabra unión. Ese sería el bálsamo de todos los males. No se equivocaba. El buen trabajo en todos los estamentos del club ha sido clave en el buen arranque liguero ché. Lejos quedan las pueriles disputadas entre Carboni y Quique Flores, o los misteriosos castigos a jugadores emblema.

Los ché lideran la Liga con seguridad y sus números son de vértigo. Seis victorias y un empate en siete encuentros, 17 goles a favor y tan solo cuatro en contra. La defensa ha sido la gran beneficiada del cambio del rumbo sufrido por la nave valencianista. Una zaga que sangraba abundantemente se ha convertido en una de las menos goleadas de España. Sólo el Villarreal mejora los números defensivos de los ché. Pero no sólo de una buena defensa vive el líder. El Valencia cuenta con la pareja de moda del fútbol. Los Guajes Villa y Mata forman una asociación de lujo que destrozan cualquier operativo que se le ponga por delante. Mata suma tres goles y ha regalado otros tantos. Mejores todavía son los números del 7 por excelencia, que ha firmado ocho dianas y con ello protagoniza el mejor arranque goleador del s. XXI

A la prolífica obra de los dos asturianos se suman las aportaciones de Manuel Fernandes, Vicente, Joaquín con su intermitencia e incluso Albelda, que el pasado domingo recibió de nuevo el cariño de Mestalla. Esas son las virtudes de un líder que, sin embargo, también tiene cosas que mejorar, como siempre insiste Unai Emery. La fluidez en el juego lejos de Mestalla es la gran asignatura de este Valencia. También debería aumentar la posesión del balón y el criterio para que sus ataques fueran más constantes y no a ráfagas.

“Sin hacer mucho ruido nos funciona bien a nivel deportivo”, afirmó Emery preguntado por la falta de impacto del Valencia en los medios de comunicación-. Si continúa así pronto le costará un gran esfuerzo mantener su fútbol en silencio.

Por Francisco Ortí (Redactor El Enganche)

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‘Antagónica’ vuelta a casa

El intrusismo que parece sufrir el entorno del fútbol actual, donde antiguos futbolistas campan a sus anchas por las redacciones de los periódicos más valorados, las televisiones más influyentes y hasta los banquillos más representativos de todo el planeta (algo que tiene muchos detractores), siempre deja historias y análisis variopintos con el paso del tiempo. Y es que nadie mejor que ellos para reverdecer antiguas hazañas, noches épicas o desastres colosales a lo largo de trayectorias que, muchos años adelante, recuperan su importancia y son protagonistas del ‘morbo’ añadido en noches como las de esta semana, de Champions.

Dos fieles reflejos de estos sentimientos encontrados tendrán representación estelar en las figuras de Eric Gerets y Gordon Stracham, nombres propios de dos estilos, perfiles singulares en sus entornos y ejemplares profesionales en la actualidad, aunque con una ‘papeleta’ similarmente complicada en terreno continental. Ambos volverán a aquellos graderíos que les vieron triunfar en el caso del belga o pasar casi inadvertido si hablamos del escocés. Dos regresos a un pasado que encumbró a uno y degeneró a otro pero que no pueden pasar por alto, sobre todo, cuando su objetivo es el de salir victoriosos.

Eric Gerets fue un defensa distinto, tan ofensivo que sus técnicos tenían que ir restringiendo sus alegrías tácticas con sendos castigos en forma de cambios de posición hacia zonas más retrasadas. En sus inicios fue delantero y mucha culpa de su capacidad de recorrido se la debe a esas primeras experiencias como ariete en equipos de menor caché. El León de Rekem, ciudad donde nació, se hizo hombre en el Standard de Lieja, su primer gran club y donde se ganó la fama mundial que años después le sigue valiendo el respeto. Doce temporadas, con una década de capitanía, más de 300 partidos y varios títulos, le llevaron a la selección que arrancó un subcampeonato en Italia 1980 o a la que fue capaz de vencer a Argentina dos años más tarde en España 82.

Sus brillantes años en el cuadro Rouche, le llevaron directamente a San Siro, pasando de puntillas por un Milan que soportó la sanción del gobierno belga sobre su estrella. Gerets fue declarado culpable de un soborno que incluyó a otras figuras de la época y que emborronó el título de 1982 con su ex equipo, un Standard que se derrumbó institucionalmente. Su etapa más negra como jugador finalizó en el Venlo, que le acogió para la recta final del campeonato de ese año.

Inmerso en críticas, el PSV apareció en escena para dotarle de todo aquello que no había tenido hasta entonces, un gran equipo, un club limpio donde los haya y una ciudad rendida a sus pies. Llegó con 31 años pero con una rabia demoledora por sus problemas extradeportivos que le iba a bastar para resurgir, sumó seis campeonato nacionales, tres copas y una UEFA. Fue capitán tras la salida de Gullit y se retiró en 1992 cuando disputó su partido número 200 con los del Phillips Stadium. Regresó años después como técnico y ahora repite pero en el banquillo rival para llevarse las iras de un público que le adora y le idolatra como uno de los grandes defensores de las últimas décadas.

Algo más adelantado pero siendo la polivalencia su gran virtud, actuó durante veintiséis campañas el singular Gordon Stracham. Agresivamente incorregible pero ágilmente adaptable a diferentes tareas, triunfó en su Escocia natal con el Dundee primero y con el recordado Aberdeen de Ferguson más tarde. En el mejor momento histórico del Dons, el pelirrojo formaba la columna vertebral junto a Miller, Leighton y McLeish, y tras lograr contra todo pronóstico la Recopa de 1983 (ante el Real Madrid), engrandeció su éxito con la Supercopa de Europa meses después ante el Hamburgo. Aquello les hizo pasar a los anales del fútbol escocés como el único equipo en lograr dos títulos europeos.

Con semejante carta de presentación, el Manchester United le fichó en agosto de 1984 por unas 500.000 libras. Sus primeros meses fueron muy positivos con la victoria en la FA Cup como gran premio pero paulatinamente, su estado físico fue empeorando, protagonizó muchos titulares sobre su excesivo descontrol corporal y fue liberado de presiones cuando el Leeds le rescató en plena ‘era Ferguson’. Su declive fue caótico y alargado puesto que ni el técnico que le había llevado al éxito en su país pudo relanzar su carrera, que terminaría en el Coventry.

Este martes regresa a Old Trafford para recuperar el honor perdido desde una faceta opuesta a la de entonces pero desde la que ya lleva años retando a los grandes. Tiene al mismo Sir.Alex como rival, los mismos graderíos como recuerdo y las sensaciones encontradas tras años de memoria fotográfica en su cabeza. Puede ser su particular venganza en una jornada con dos preciosos pero antagónicos protagonistas.

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Un desarrollo de Pedro Puig
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