Histórico
11 septiembre 2008Jose David López

El caprichoso destino de Leweck

Alphonse Leweck es un centrocampista al que el fútbol le ha marcado de por vida pese a que sólo haya vivido una parte de ella. A sus 27 años, ha tenido que luchar contra las crudas realidades que genera para un futbolista el haber nacido en un país que, para su desgracia, no se sostiene precisamente a base de goles, la inocente Luxemburgo. Por si esa cuesta no fuera suficiente, Leweck estuvo muy cerca del retiro cuando se le diagnosticó una peligrosa deficiencia cardiaca que, además, le costó perderse una prueba en el Borussia Mönchengladbach.

Leweck, que después de aquella desgraciada enfermedad sólo pudo regresar a su país y jugar en el FC Etzella Ettelbruck, se recuperó poco a poco para el fútbol hasta ir ganando confianza, constancia y, sobre todo, moral. Volvió a la selección con honores porque lideró con un gol el triunfo ante Bielorrusia (1-0) en la clasificación para la Eurocopa 2008, pero lo mejor estaba por llegar.Visto así, la trayectoria de Fons parecía destinada a citas menores, días de relleno y un retiro en la más absoluta de las sombras pero todo lo que el fútbol le había robado, le fue devuelto en un instante para la historia. Un disparo que alentó el sueño imprevisible de 480.000 eternos sufridores (los habitantes de su país), los mismos que no disfrutaban de una victoria en una fase mundialista desde la lograda ante Turquía en 1972. Un auténtico milagro para los D’Léiwen (los leones) que ponía fin a un suplicio (1-2).

En el bando contrario, el de la sorpresa e incomprensión por algo totalmente inesperado, estaba la Suiza de Ottmar Hizfeld que, curiosamente, algunos habíamos alabado tras su empate ante Israel en Tel Aviv el pasado sábado (pese a que fue ganando por dos goles de diferencia). El buen arranque helvético en su nuevo proyecto, el regreso de Frei a la delantera tras su grave lesión en la Eurocopa y, desde luego, la gran respuesta que prometían los jugadores a su afición para poder encarrilar con altas expectativas la fase clasificatoria, podían ser el titular que todos esperaban para analizar la noche de Zúrich, pero nada más lejos de la realidad.

Jeff Strasser, un ya experimentado defensor que apura su carrera en el Metz, adelantó a los visitantes con un disparo seco a balón parado ante la inocencia de un equipo suizo que pronto reaccionó. Con muchas ocasiones en las que el gol simplemente se dio por supuesto pero sin premio final, sólo el potente N´Kufo puso la igualada al borde del descanso con un cabezazo que parecía condenar la osadía luxemburguesa.

Siendo castigado con balones aéreos, un fútbol directo y constantes disparos desde media distancia, la zaga visitante aguantaba merced a su posicionamiento y, sobre todo, a una suerte que estaba de su lado por vez primera en años de rezos. Sólo así se explican las muchas ocasiones erradas para los de Hitzfeld, que trastocó todo su ataque en busca de un tanto que, paradójicamente, iba a llegar en su contra a falta de cuatro minutos con el sueño del citado Alphonse Leweck.

Suiza, volcada absolutamente sobre su rival, terminó jugando con hombres de ataque como Yakin, Vonlanthen, N´Kufo o Lustrinelli, este último incluso gozó de una oportunidad sobre la hora que sólo el palo evitó su camino a gol. El único cambio destacable respecto al once tipo de la Eurocopa fue la ausencia de Fernandes en medio campo, donde aparecieron Stocker y Nef, aunque es cierto que la defensa de tres hombres terminó siendo demasiado optimista para un partido que costará analizar en Suiza y que llena de euforia a la pequeña Luxemburgo. Era la noche de Leweck. La noche luxemburguesa.

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