Análisis e historias del fútbol internacional contadas por los mejores especialistas.

Archivo Mensual: Julio 2008

Un campeonato ‘tri-pidante’

El fútbol mexicano, del que ya hablamos en referencia a sus vínculos con el estilo yankee, arrancó este pasado fin de semana con una temporada que bien merece el análisis. No han cambiado los conceptos que desde Europa la hacen parecer un campeonato menor (el play-off final, por ejemplo), sino que han introducido un sin fin de novedades en su reglamento (parece que previa decisión de la FIFA) que, en mayor o menor media, dan un toque distinto y muchas veces polémico al espectáculo.

Siempre he defendido que el nivel del campeonato mexicano está muy por encima de la media del continente americano y que, debido a la notable salud económica de sus clubes, el torneo gana en importancia año tras año. Los jugadores aztecas son cada vez más deseados en Europa (pese a que sus altas fichas siguen siendo el problema para los equipos europeos a la hora de contratarles. Sin ir más lejos, Omar Bravo ha rechazado convertirse en uno de los mejores pagados a cambio de jugar en el Deportivo. Esa concatenación mantiene en la mayoría de los casos a sus estrellas y, además, facilita la llegada de los grandes nombres que generan las ligas sudamericanas.

Por uno de ellos, el de Ramón Díaz, el América ha roto la hucha. Tras un año malísimo en el torneo patrio, donde firmaron el último puesto, pero excelente en la Libertadores con unas semifinales inesperadas, las Águilas no podían mostrar dudas a la hora de crear un proyecto serio. El ‘Pelado’ asegura trabajo, expectativas en la afición y una base sólida para renacer a una plantilla espectacular.

La vuelta del ‘Pocho’ Insúa tras su lesión (se marcó un partidazo en esta primera jornada), la rentabilidad de Cabañas, el mejor portero del país, Guillermo Ochoa y tres fichajes de mucho calibre como Alfredo Moreno, el ‘Negro’ Medina y el recién campeón de la Libertadores, el paraguayo Vera (para mí, un jugadorazo), hacen del equipo Crema, el principal favorito. No será fácil, desde luego, dentro de la equidad existente en un campeonato con un calendario complicado y muchos partidos ‘extras’ para algunos participantes en competiciones internacionales.

Tras el equipo capitalino aparece el actual campeón, un Santos Laguna que mantiene la base sólida que le llevara al éxito hace unos meses y que seguirá confiando en la capacidad sorpresiva del gran Ludueña, premiado hasta la saciedad estos días, y los goles de Vuoso. Benítez, Ortiz, Castillo y Estrada, son los pilares del bloque ‘lagunero’.

Con posibilidades reales de llegar a lo más alto estará de nuevo Chivas. El ‘Rebaño Sagrado’ sigue siendo el equipo que más jugadores exporta a Europa y pese a perder a varios hombres clave respecto al pasado año, su capacidad de cantera (recordamos que sigue el modelo del Athletic de Bilbao), jamás le ha dejado mal parado y siguen floreciendo estrellas emergentes. Araújo, Arellano, Ávila o Santana son jugadores que no deberían faltar en ninguna buena agenda de ojeadores.

El Pachuca de los efectivos Marioni y Giménez, el combativo Atlante de Maldonado o el excéntrico Vilar, la juventud del nuevo Cruz Azul o el buen momento del Atlas de Brindisi, serán extraordinarios animadores de un torneo muy igualado donde se van amontonando grandes jugadores campaña tras campaña.

El deseo de progresar en busca de mayores logros se extiende a la selección ya que el combinado ‘Tricolor’ confió por primera vez en un técnico de gran experiencia en el fútbol europeo, Eriksson, cuyo análisis merecería post aparte. Pequeños pasos para un ‘gigante’ desconocido que reclama mayor interés.

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Un progreso con letra pequeña

Casi dos décadas llevan esperado en Anfield un nuevo título liguero. La Premier League, que arrancó allá por 1992, no conoce aún a los Reds como campeones pese a respetar, como toda Europa, a uno de los clubes con mejor palmarés mundial en sus vitrinas. Desde que en 1990 el equipo que dirigía el mítico Kenny Dalglish fuera imparable en las Islas, sólo hay una obsesión en la parte roja de Mersey, poder repetir un triunfo que ya alargó demasiado sus días.

En esa dinámica de regularidad y mayor consistencia, se movieron los directivos del club cuando confiaron en Rafa Benítez pero se encontraron con un renacer en Europa que les llevó a coronarse en Champions en una ocasión, además de rozar una segunda heroica poco tiempo después. La ansiada reacción no llegó por el contrario en la Premier, donde el poder del Manchester United, Arsenal y Chelsea, viene siendo una losa demasiado pesada de arrastrar.

En estos años, Benítez se ha creado un equipo a su estilo, ya que es el quien decide los jugadores que llegan y los que se van. Unos como Torres, Kuyt, Mascherano o Xabi Alonso, han dado el rendimiento esperado e incluso más, y otros, demasiados quizás, pasaron de ‘puntillas’ y dejando una sensación de fichaje erróneo demasiado evidente.

Ahora, cuando todos los ojos de los hinchas esperaban un ‘peso pesado’, llega un dubitativo Robbie Keane. Benítez insistió en su contratación y lo cerró por 25 millones de euros (cantidad exagerada) pero… ¿es el refuerzo ideal y el que dará un salto de calidad a su plantilla? El irlandés se ajusta mucho al estilo de los Voronin o Kuyt y parece que incluso Crouch (vendido al Portsmouth), daba más alternativas al juego. Keane es un jugador peleón, con una gran media de goles y experto en una Premier a la que además tuvo que ganarse porque le costó explotar. Quizás no es el icono que todos los Reds esperaban junto a ‘The Kid’.

Un ejemplo de este último fichaje es que, mientras sus competidores se mueven en otro nivel dentro del mercado (Berbatov, Etoo y compañía), los Mighty Reds se empeñan en experimentar. Benítez, por otro lado, sabe que tendrá toda la presión del mundo esta campaña puesto que no mantener el ritmo de puntuaje le puede costar muy caro.

Por tanto, parece que la progresión de este Liverpool será, como viene siendo habitual, muy imitada a lo que den de sí sus estrellas. Nadie duda de la capacidad y compromiso de Gerrard, de los goles de Torres o de la profesionalidad de una plantilla que siempre da un ‘extra’ pero que ahora, quizás necesita otro tipo de refuerzos que verdaderamente eleven su estatus.

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Adiós al ‘Dog-man’

La leyenda y la práctica diaria defienden que no existe mejor relación entre un animal y el hombre, que la que mantienen el perro y el ser humano. Su inteligencia, capacidad emocional y destreza, hacen del perro un animal perfecto para desarrollar su vida junto al hombre, al que no le valen los cantos del canario, los saltos del gato o el exotismo de la iguana. No es lo mismo. El perro tiene todo. El perro es su fiel amigo.

El Canis lupus familiares (que dirían en latín) es la mascota oficial del hombre, al que siempre ha acompañado en cada civilización hasta domesticarlo perfectamente. Sin embargo, hay algunos ejemplares que se resisten a ser domesticados. Su rebeldía, carácter y excentricidad supera los límites de la paciencia humana. Hace años, exactamente 12, uno de estos caninos pasó por Valencia para hacerse notar. En su corto y sinuoso trayecto por España, dejó una huella inconfundible en el Manzanares, donde insinuó sus partes nobles a toda la grada de un Vicente Calderón (en un 1-4) que lo quería enterrar (previa circuncisión). Ese ‘perrito’ respondía al nombre de Leandro MachadoEl conflictivo delantero brasileño llegó a Mestalla con sólo 20 años, procedente del Internacional de Porto Alegre y dentro de una época en la que por el equipo ché pasaron jugadores con un mismo rol, el de la polémica. Leandro Machado, que pasará siempre a la historia de la Liga como el hombre que se atrevió a ‘mear’ (perdonen la expresión) al Fondo Sur. Es una lástima que aquella imagen, la primera de muchas, sea el mejor y casi único recuerdo que se le guarde pues sus número como valencianista no fueron nada malos teniendo en cuenta que anotó diez goles en sólo 19 partidos y sin ser titular.

Dentro del césped era un goleador, un delantero de área, de pocos movimientos pero gran remate. Un don con la cabeza, principal medio de subsistencia para sus registros, y una inteligencia en los metros finales, pudo hacer de el un jugador de peso pero había algo que fallaba. Por desgracia, sus deslices fuera del pasto siempre le llevaron por el camino erróneo, muy al estilo de jugadores cuya naturaleza les prohíbe calmar sus nervios por un bien común. Edmundo tenía un clon aunque este a cuatro ‘patas’ que en sus primeros goles como ché, festejó imitando a un murciélago. Un zoo personificado.

Una docena de equipos más intentaron guiarle pero su talento era incapaz de superar a su aguerrido e impulsivo carácter. Sporting de Lisboa, Tenerife, Flamengo, Dinamo de Kiev, Samta Clara, Querétaro, Ulsan… todos vieron la misma versión anodina y plena de desencanto. Capaz de levantar la voz a todo directivo, incorregible en sus salidas de tono y buen amante de la nocturnidad, Leandro tenía los días contados por decreto divino. Una lástima pues llegó incluso a ser internacional con la canarinha, con la que suma un gol.

Ahora, con 32 años y sirviendo con algo más de tranquilidad y relax al modesto Sport Recife brasileño, el castigo a toda una carrera desechada o, al menos, sin explotar todo lo que debería, le ha llegado en forma de lesión. Sólo cuando el final le ha amenazado de cara y sin parpadear, ha sabido reaccionar como el profesional que tuvo escondido, muy alejado del verde. Ha reconocido que no puede dar lo que todos se merecen: “No puedo rendir lo que a la directiva, aficionados y prensa les gustaría y por esto no me quiero engañar y prefiero parar mi carrera”. Reconoció que sufre “tendinitis en las dos rodillas” y que no le quedan “fuerzas para seguir jugando”.

Un final desolador pero previsible que mortifica a un delantero derrochador con sus cualidades, aquellas que pudieron darle mucho más pero las mismas que fueron condenadas por la arrogancia. Lamentable arrogancia.

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Un acuífero llamado San Siro

Rupert Sheldrake es un polémico biólogo británico motivado por vocación al estudio de la telepatía y la conducta de los animales. Entre sus teorías, se encuentra la famosa holística pero también estudió de cerca el comportamiento de un animal en especial, el elefante. Intentó explicar porqué estos gigantes africanos buscaban instintivamente fuentes acuosas cuando sufrían algún tipo de desnutrición y acabó explicando que el líquido más explotado del mundo, el agua que tanto valor tiene hoy en día era, para aquellos animales moribundos, la única esperanza de mejorar sus condiciones vitales.

Si el bueno de Rupert quisiera animarse a lanzar una simetría entre esa teoría y el fútbol, esa sensación instintiva de jugadores abatidos y en acusada actitud derrengada tendría un acuífero de dimensiones ciclópeas en Milan. Allí, han ido a parar durante los últimos años varios elefantes con pocas ganas de sacrificarse y muchas de darse un chapuzón de euros azzurros, convirtiendo San Siro en la fuente acuosa más ejemplar para sus últimos escarceos. Un cementerio rossonero con elefantes de pedigrí como Rivaldo, Redondo o Ronaldo al que se une con muchas expectativas Ronaldinho.

Y es que el Milan defiende durante los últimos tiempos una dinámica muy definida en su plantilla, la de la experiencia e inteligencia que sólo dan (en la mayoría de los casos), aquellos jugadores que han recorrido ya un camino en esto del fútbol. No es nuevo el resaltar que los de Ancelotti mantienen campaña tras campaña a muchos nombres ilustres y que le cuesta horrores el desprenderse de ellos.

Maldini, Cafú, Serginho, Oddo, Nesta, Simic, Jankulovski, Kaladze, Favalli, Ambrosini, Brocchi, Emerson, Gattuso, Seedorf e Inzaghi, llegan o superan los 30 de edad. La estadística rompe cualquier explicación en la portería donde tres porteros de dudosa calidad como Dida, Kalac y Fiori, defienden a uno de los grandes de Europa superando la barrera de los 35 años. El fichaje de Ronaldinho no llega a esas cotas porque el brasileño tiene 28 años pero la sensación de haberse dejado llevar en sus cuidados como cualquier mínimo profesional y el bajón físico del último año, vuelven a servir de objetivo para una diana cuya alarma está en su punto álgido.

Cierto es que, deportivamente, el Milan ha sabido sacar jugo máximo a este planteamiento colectivo. Siempre se habló de que los avances que ofrece su famoso Milan-Lab son un punto ‘extra’ para muchos jugadores y los resultados no han sido nefastos teniendo en cuenta que hace dos años levantaron la Champions League. Sin embargo, la sensación de fin de ciclo hace tiempo que ya se plasmó en las oficinas milanistas donde nadie parece decidirse a dar el enfoque necesario a la situación. Flamini, Zambrotta (también ya maduro) y ‘Dinho’ son suficientes retoques para Galliani.

En su día, Redondo (con 31 años) abandonó el Real Madrid tras proclamarse campeón de Europa por segunda vez y los 18 millones de euros de su venta fueron el primer ‘tirón de orejas’ para Florentino Pérez. El argentino se rompió el ligamento cruzado de su rodilla días después y jamás se recuperaría para la causa. Rivaldo (con 30 años) llegó a San Siro tras una polémica carta de libertad pero sólo jugó 22 partidos e incluso terminó apartado del equipo. Casi idéntico fue el paso de Ronaldo (con 31 años) que dejó el blanco cuando sus habilidades se empezaban a cuestionar seriamente y que, tras varias lesiones, le han dejado en el paro y meditando si algún día podrá volver a jugar.

El mediático fichaje de Ronaldinho responde, una vez más a esa teoría no exenta de polémica y riesgo. Hay quienes creen que el recibimiento que el brasileño ha recibido en estos días le hará reactivarse pero, al igual que sucede con los elefantes moribundos, muchos terminan muriendo cuando aún se encuentran en las proximidades.

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El fútbol desde Soweto

El fútbol encuentra en el continente africano su lado más solidario pero, al mismo tiempo, el que mayores anécdotas e historias puede generar. Sus peculiares comienzos, los sistemas políticos e instalaciones que les rodean y las singulares culturas de las que son partidarios, siempre abarcaron grandes secretos que aún hoy salen a la luz para asombro generalizado. En Sudáfrica, uno de los pioneros en el deporte rey dentro del continente, esta interrogante sensación se ve salpicada por grandes problemas sociales que buscan ser eliminados de raíz a dos años vista del Mundial.

El fútbol sudafricano tuvo su nacimiento en 1879 o, al menos fue allí cuando apareció el primer equipo, Pietermaritzburg County. Sin embargo casi un siglo más tarde nació el profesionalismo, que trajo de la mano progresivamente a la hoy presente Premier Soccer League (Primera División Sudafricana). Un campeonato con multitud de curiosidades precedentes que refleja el sudor de aquellos que lucharon por hacerse escuchar con la pelota en los pies.

Equipos como el Orlando Pirates, uno de los más famosos y con mayor solera, sufrieron los problemas del apartheid, que les obligó a disputar campeonatos a un nivel inferior, con falta de medios y con las restricciones raciales siempre como impedimento. Formado por mineros, los ‘bucaneros’ ingresaron en la liga negra, donde arrollaron con varios títulos consecutivos hasta ganarse el afecto de la hinchada de esta raza, que endiosó desde entonces al primer equipo que retaba sin temores al fútbol blanco, al fútbol de clase alta.

Sin embargo, una mala distribución económica tras una gira en 1968, provocó una ruptura en el vestuario y, con ella, el equipo se deshizo.La estrella futbolística del momento, Kaizer Moutang, (”Chincha Guluva” para los hinchas), que había sido el primer jugador profesional con sólo 16 años, lideró a un grupo de jugadores que formaron el peculiar Kaizer Chiefs (mi equipo, por cierto).

Su llamativo nombre procede del nombre del propio jugador y de un equipo en el que había despuntado antes, el desaparecido Atlanta Chiefs estadounidense, del que incluso adaptaron su escudo. Este está formado por un contorno que presupone un jefe indio (por eso se les conoce como los jefes). El Kaizer fue uno de los primeros equipos profesionales y también tuvo que contentarse con disputar los campeonatos de la liga negra durante los 70 y 80, donde ya empezó a rivalizar con sus enemigos ‘piratas’.

Con el fin de tan terrorífica política, la mano de Kaizer Moutang y sus chicos fue clave para dar a luz a la Premier Soccer League, que hoy ejemplifica el poder del fútbol sobre las masas y la facilidad que desprende para lograr sus objetivos sean cual sean su naturaleza. En honor a esa meta alcanzada, el grupo indie Kaiser Chiefs (se identifica con la actitud del ‘hazlo tú mismo’), adoptó su nombre a partir del club. El trasfondo de esa elección coloca como principal culpable al ex defensor del Leeds, Lucas Radebe que antes de llegar a Elland Road y defender al equipo que los integrantes del grupo adoran, era jugador del Kaizer.

Una anécdota más dentro de las muchas que se dan cita cuando la pelota vaga libremente por Soweto, el barrio de la enorme Johannesburgo que fue construído en su día para alojar a los ciudadanos de la raza despreciada en el país. Allí, cada cierto tiempo, Orlando y Kaizer se citan en un derby mayúsculo para recordar su pasado y sonreír por un futuro lleno de rivalidad, de una sana y sorprendente rivalidad.

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… y un hispano de habla nipona

Hace ya varios meses conocí dos historias deportivas con similares fondos multiculturales que reflejaban a la perfección la entrega y sacrificio que exige el fútbol para llegar hasta un nivel suficientemente competitivo. Una de ellas fue la historia de Masakutsu Sawa, un nipón de habla hispana que triunfa en Perú hasta el punto de que han intentado convencerle de ser internacional andino. La otra (prometo que mi idea fue escribirla justo después de la ya citada), tiene idénticos tintes por su carácter cosmopolita, su acusado apego familiar y la defensa de una bandera que nadie le hubiera cosido al pecho. Es la vida de Sergio Escudero.

Un padre argentino que se decidió a cruzar el ‘charco’ para seguir su trayectoria futbolística en el Granada de finales de los años 80 y principios de los 90 (aún en Segunda División), fue el mejor ejemplo para un Sergio cuyos pasos iban a seguir un camino semejante. Nació en Granada dentro de un ambiente futbolero muy acusado y con el estadio de Los Cármenes como testigo directo pero la familia tuvo que repetir la experiencia de empezar de cero en otro lugar cuando la carrera de su padre le obligó a partir hacia Japón previo paso por Argentina.

Sin embargo, aquellos meses en suelo sudamericano fueron clave porque su tío, el afamado jugador Osvaldo Escudero, vio en su sobrino a la excusa ideal para motivar su cariño por la pelota. Así, tras regresar del periplo japonés donde Sergio ya había apuntado tener el mismo perfil que sus raíces paternales, su tío le puso en escena dándole entrada en las categorías inferiores del Vélez Sársfield con sólo 8 añitos.

Sus cualidades se fueron explotando mientras su padre se hacía un hueco en el panorama futbolístico japonés (jugó siete años en el país nipón e incluso fue entrenador una vez retirado). Sergio mejoró sobremanera al lado de su tío y fue capaz de colocarse la albiceleste con la selección Sub 15, lo que parecía encaminarle hacia un futuro argento hasta que tuvo que regresar a la potencia asiática.

Fascinado por el gran talento de su chico, los contactos de su padre le dieron rápidamente entrada en el Kashima, y tras un año de transición, el Urawa (actualmente el equipo más fuerte y famoso de Japón), accedió a las propuestas de su progenitor, que había actuado ya previamente en el actual campeón del continente. El 15 de abril de 2005, el trabajo y la dedicación de toda la familia Escudero se vio recompensado cuando el pequeño Sergio debutó en la J League. Tenía 16 años y se convirtió en el segundo futbolista más joven que se estrenaba en la categoría (sólo superado por Morimoto).

Imposibilitado a aventurarse en la Bundesliga (el Urawa se negó a darle la libertad cuando el Stuttgart apareció en su camino), Sergio mejoró a pasos cortos pero bien dirigidos hasta conseguir la ciudadanía japonesa en 2007. En ese momento, su triple nacionalidad (española, argentina y nipona) le abría todas las puertas posibles para dirigir su carrera y se decidió por el país que le dio un nombre en el terreno de juego (generando unas expectativas impensables).

Así, se vistió de ‘samurái’ en el torneo de Toulon e incluso en el Mundial Sub 20 del pasado año, algo que repetirá en Pekín 2008 con la idea de escribir su nombre en las agendas de los ojeadores europeos. A un paso de cumplir los 20 años, necesita eliminar los titulares ganados por su singular trayectoria y reescribirlos con letras de oro por sus éxitos deportivos. Un paso difícil pero accesible que honraría los esfuerzos de el primer hispano de habla nipona.

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La Superliga de los ‘infartos’

La Selección Suiza dejó escapar esta pasada Eurocopa una de las mejores oportunidades para hacerse notar. Tenía a su público entregado por la causa, un bloque de jugadores jóvenes con aspiraciones y el impulso de todo anfitrión en un torneo continental. La ocasión quedó en el camino y el trabajo empezará ahora desde cero con Hitzfeld. Sin embargo, el buen momento que atraviesa la Superliga Suiza (siempre dentro de sus exigencias y límites), invita cuanto menos a confiar en que los resultados llegarán tarde o temprano en base a un trabajo bien organizado desde la raíz.

El campeonato helvético que arranca este viernes, ha sido apasionante las sus últimas campañas, reflejando una equidad incomparable entre equipos con similares objetivos y con mínimas diferencias en lo económico. A diferencia de otros campeonatos de corte similar, no existe aún un magnate que haya querido explotar en beneficio propio toda la pasión que genera el fútbol que en Suiza, aún está a años luz de ser el deporte rey.

Hace tres años, Basilea y Zúrich llegaron a la última jornada con el campeonato en juego. Los capitalinos dependían de sí mismos para salir airosos y sumar la que hubiera sido su tercera corona consecutiva pero un gol de Iulian Filipescu, mandó el título al rival, que pudo levantar el trofeo tras 25 años de extensa demora. Fue en el tiempo de descuento y lo imprevisible se transformó en violencia con cientos de hinchas basilenses sacando a relucir sus peores galas. En este Zúrich estaban, entre otros, Margairaz (ahora en Osasuna), Rafael o Lucien Favre (ahora técnico del Hertha).

Apenas un año más tarde, la emoción de volvió a repetir puesto que el Zúrich y el Grasshoppers, rivales irreconciliables, se enfrentaban por el título en la jornada final. Un clon de lo anteriormente vivido que volvió a quedarse en manos del ‘Zuri’ y que reflejó la equidad incomparable que sacude cada campeonato en tierras helvéticas.

El actual campeón es el Basilea, que defenderá título en una campaña llena de novedades. La principal de todas ellas está en un ‘novato’ como el Vaduz, que pese a pertenecer a Liechtenstein, logró ascender el pasado año y será debutante en la máxima competición suiza. Todo un logro para los Residenzler, que suman 38 títulos coperos en su país. Otro aporte singular lo da el Bellinzona, que debido a su cercanía con Italia (procede del Cantón de Tesino), tiene en su plantilla a más italianos que suizos y acaba de ascender.

Falto de grandes estrellas, la Superliga Suiza vive de aquellos jugadores que quieren dar un salto a un campeonato de mayor nivel o, por el contrario, de los que regresan tras haber probado suerte. Los principales protagonistas son sudamericanos, tales como Portillo (Young Boys), Costanzo (Basilea), Vergara y Silvio (Zúrich) o Bobadilla (Grasshoppers). También hay acento español con Vallori (Grasshoppers) y Varela (Young Boys). Las estrellas locales son Jakupovic, Cabanas, Streller o el jovencísimo Derdiyok.

Así pues, todas las cartas sobre la mesa para un campeonato alegre, lleno de vitalidad, anécdotas y pasión que poco a poco fabrica jugadores rumbo a los grandes escenarios. Zúrich, Basilea y Grasshoppers son los claros candidatos a la victoria final que, para no variar, se antoja tremendamente disputada.

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El milagro ‘ajedrezado’ de Boyacá Chicó

Hace unos días nos sorprendíamos negativamente con la polémica acción que se había vivido en el partido de Ida de la Final del Apertura colombiano. El criticado e inexplicable 1-1 que se reflejó al término del partido, amplió la emoción y las expectativas de cara al choque de vuelta donde se iba a dilucidar el nuevo campeón ‘cafetero’. De un lado, el América de Cali, 12 veces campeón pero inmerso en una crisis interminable. Del otro, un semi-desconocido Boyacá Chicó, capaz de sobreponerse a las injusticias (además de lo citado en la Ida se le anuló un gol fantasma en la Vuelta) y de sumar su primer título. Un éxito mayúsculo teniendo en cuenta que se fundó hace tan sólo seis años.

Pese a esta envidiable precocidad ganadora, han sido innumerables los problemas que el cuadro ajedrezado ha tenido que saber superar. Nacido en los bajos fondos, Chicó ha tenido un fulgurante ascenso, una progresión espectacular que le ha llevado de Tercera División a Primera en tiempo récord y es que puede estar orgulloso de ser el único equipo en la historia del fútbol colombiano que se aupó a lo más alto tras salir campeón en todas las categorías inferiores. Su paso por Primera C y Primera B fue casi testimonial, arrollador e incomparable. Lo refrendó este martes con el día más grande de su historia.

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Un desarrollo de Pedro Puig
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