Histórico
10 junio 2008Jose David López

Suecia castiga la alergia ofensiva de Grecia (2-0)

Se esperaba una versión continuista de la actual campeona de Europa, es decir, la que apuesta por armarse atrás con carácter y juntando líneas, justo lo que Rehhagel sabe explotar como pocos. Con Gekas como único estilete y Charisteas metido en banda derecha, la prioridad era contener para buscar peligro en acciones a balón parado. Lagerback, mucho más ofensivo como demandan los cánones del fútbol escandinavo, apostó por Ibrahimovic como centro de operaciones atacantes (se mostró bien pese a sus lesiones).

Sin embargo, como tantas veces, a los ‘vikingos’ les falta creatividad y su fútbol directo, con mucha entrega y presión, resultó repetitivo y controlable para la experimentada línea helena. Pero cuando el gol hizo acto de presencia, Grecia sólo había jugado una carta y pese a intentar remover su planteamiento con Amanatidis como cara más activa, fue demasiado tarde y previsor.

Con la poca permisividad de la defensa griega, el principal manantial ofensivo de Suecia fue el control de la posesión. Viendo que el campeón ni la quería ver, sentó sus intentos en torno a la figura de Ibrahimovic (imprevisible) y las acciones intermitentes pero eléctricas de Wilhelmsson y Svensson. Larsson, por detrás y la fuerza de los Hansson y Mellberg, eran su mejor aval. Grecia no quiso en ningún momento tomar la iniciativa ni correr riesgos innecesarios. De esta manera, sólo las intenciones de Karagounis cuando adelantaba metros y algún despiste escandinavo, dio cierta vida a la opción griega, que no llegó a producirse como en otras ocasiones.

Así pues, un cabezazo de Hansson o una volea de Svensson, dieron la fortaleza a los suecos, que se crecieron en busca de sus ocasiones conscientes de que iban a tener que armarse de paciencia. Un cabezazo de Ibrahimovic que buscaba solo tocar lo justo para aprovechar la mala salida por alto de Nikopolidis, fue la más clara.

En la reanudación, dos intentos de vaselina fallidos, uno de Wilhelmsson y uno con muchísima intención de Karagounis, pudieron alterar el marcador pero ese honor estaba reservado para Ibrahimovic.

Justo antes de marcharse al banquillo por sus molestias, Zlatan Ibrahimovic nos regaló un auténtico golazo que hizo sucumbir la actitud defensiva de los helenos. Su pared con Larsson al borde del área, le habilitó para que soltara un disparo envenenado y directo a la escuadra de Nikopolidis que, pese a tocar, no pudo rechazarla. Era el ecuador de la segunda mitad y el instante clave en el choque.

Poco después, en una jugada llena de despropósitos de la zaga helena, Hansson iba a aprovechar (casi por insistencia y pura suerte) tantas indecisiones. El zaguero, en posiciones de ataque, impidió el despeje en varias ocasiones hasta que, tras tocar en Nikopolidis, Kyrgiakos y el propio sueco, Seitaridis despejó con el escandinavo delante y la pelota, tras rechazarle, se fue a la red. El gol tonto de lo que llevamos de Eurocopa.

El golazo que abrió el ‘yogurt’ griego y que, a la postre cambió el discurso del choque, hizo que Ibrahimovic fuera clave. El interista terminó siendo el más destacado y su gol lo encumbra como una de las sólidas bases sobre la que los suecos deben crecer. Con Larsson a su lado, más en desmarques y movimientos, el crack escandinavo es peligroso y encuentra más espacios. Ellos dos se llevaron los focos más allá del buen comportamiento de un equipo que no bajó los brazos y propuso esfuerzo hasta lograr el premio.

Con la mínima presencia ofensiva por la que apostó Grecia, los únicos cambios helenos intentaron dar mayor brío a esa faceta pero ya era tarde. Samaras entró en el descanso para pasar inadvertido y Amanatidis, ya con el marcador en contra, se mostró pero no pudo trastocar la balanza. Las molestias previas de Ibrahimovic propiciaron su recambio en el ecuador de la segunda mitad pero, desde ese momento, Suecia propuso mayor empaque y presencia en el área helena. La corpulencia de Elmander y Rosenberg fueron las apuestas de Lagerback en la recta final para controlar una victoria muy importante que debilita al campeón.

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