Histórico
20 junio 2008Jose David López

La catarsis ‘arshavínica’

Empezar una Eurocopa a la que se ha llegado tras dejar fuera a la todopoderosa Inglaterra, generó en Rusia unas expectativas más que bien fundamentadas por lo visto en la fase clasificatoria. Los de Hiddink, que de nuevo ha conseguido ser idolatrado en otro país debido a su excelente rendimiento y a la capacidad de hacer bloque, parecían haber cerrado ya sus objetivos al estar en la cita veraniega de selecciones per ni mucho menos era la meta fijada para el holandés.

Como ya he dejado caer en análisis previos sobre el equipo ruso, las bajas de Pogrebnyak y Arshavin eran demasiado sensibles para un bloque donde nadie destaca sobre el resto y donde la fuerza reside, precisamente, en la dosis de compañerismo residente entre los jugadores. Sin embargo, nadie podía ignorar que las dos estrellas del zenit iban a trastocar los planes establecidos así como reducir las esperanzas de los ex soviéticos. Pogrebnyak llegaba en forma como goleador de la UEFA y Arshavin como líder del actual campeón en esa misma competición.

Esas carencias se dejaron notar sobre manera ante España. Acaban de perder a su goleador, improvisaron en defensa y notaron la ausencia del eléctrico Arshavin. La ‘Roja’ se benefició de la sequía de cara a puerta, de su inocencia en tres cuartos de campo y de los experimentos defensivos (pasó de tres centrales a cuatro defensas con dos laterales muy ofensivos). Pese a ello, Hiddink no decayó en su idea de ganarse un puesto en cuartos a base de buen trato del balón, ser el dueño del partido y ampliar el abanico de opciones con extremos, mediapuntas y llegadores. Así, reaccionó ante Grecia porque Pavlyuchenko encontró el gol dentro de su aún evidente inocencia. La diferencia fue mucho más acusada de lo que se palpó en el resultado, pero faltaba un chispazo.

Con Suecia como rival para solucionar su cupo en cuartos, Hiddink mantuvo su idea pero ganó en electricidad, imprevisibilidad y velocidad. Es decir, que pudo ya contar con Arshavin tras su desafortunada sanción en los dos primeros partidos. El extremo del Zenit cumplió las expectativas con su desborde, insistencia y búsqueda de opciones en ataque, justo lo que demandaba su equipo. Un pequeño ‘zar’ al que llevar los objetivos y liberar de paso a sus compañeros, que rindieron mejor si cabe con la presencia del menudo y habilidoso ‘general’ de Leningrado.

Su aportación real se reduce a un gol y varias ocasiones claras peor, más allá de lo que propuso, dio un aire distinto y a su vez, eficaz. Su técnico sabía lo que deseaba de sus cualidades y por ello le liberó defensivamente. Creó una armadura con Semak por detrás y una línea de centrocampistas que amplió el poder ofensivo de un Arshavin letal con Suecia como juguete para un estreno atrayente. Debieron caer más goles.

Rusia sigue pecando (bajo mi opinión), de falta de pegada y de contundencia defensiva peor su propuesta es tan atractiva y tan limpia en cuanto a intenciones, que merece el mayor de los respetos posibles pues otros combinados con mayor calidad optan por esconderlo. Hiddink, pese a estas bajas tan importantes, propuso y logró premio. Un merecido premio.

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