Histórico
2 junio 2008Jose David López

El Bernabéu tocó cielo en 1964

Un formato curioso

La segunda Eurocopa de la historia llegó en 1964 con la responsabilidad de crear un modelo mucho más profesional de competición que su antecesora. El crecimiento de los inscritos se desbordó por completo y fueron finalmente 29 selecciones las que se dieron cita en una fase final que tuvo a España como sede tras garantizar semanas antes que todas las competidoras iban a tener la tranquilidad en suelo patrio fuera cual fuera su política (en esta época había serios problemas con las corrientes comunistas).

El formato fue el mismo pues se mantuvo el cruce de octavos y el de cuartos a doble partido y una final (a cuatro bandas) para dar mayor mordiente a los últimos pasos hacia el título. España tras dejar en la cuneta a Irlanda con un global demoledor (7-1) y Hungría con dos victorias sobre una Francia que, a su vez había goleado a Inglaterra, jugaron un de las semifinales. La extinta URSS hizo lo propio con sudores ante Suecia y se jugó su pase a la finalísima contra Dinamarca, que necesitó de tres partidos para ser capaz de dejar atrás a una sorprendente Luxemburgo.

Hungría, duro escollo

Los otrora ‘Magyares’, fueron el rival español un 17 de junio en el Santiago Bernabéu. España empezó mucho más activa. Chus Pereda aprovechó esa ambición inicial para adelantar a España, pero la segunda mitad dejó ver las especulaciones de los de Villalonga hasta que los intentos húngaros tuvieron recompensa por medio de Bene en una jugada con fallo de la zaga española.

La prórroga fue un guión similar pero el empuje español se reflejó en un espectacular Amancio, que tras varias ocasiones (sobre todo una que la defensa visitante sacó bajo la línea de gol), aprovechó un saque de esquina y la prolongación de Fusté, para lograr el ansiado pase a la finalísima.

Allí esperaba la URSS, que había ganado a Dinamarca en el Camp Nou con mucha sobriedad (3-0) y un golazo del tremendo Ivanov.

El partido más importante en la historia de España

En aquél momento no era posible divisar el futuro que le iba a deparar la historia al fútbol español pero ahora, 44 años más tarde, ya hemos pasado suficientes ‘calvarios’ como para tildar a aquella cita de la más importante de la historia de la ‘Roja’.

Los soviéticos, con gran polémico en suelo español debido a su corriente comunista muy extrema respecto a la franquista, tenían un equipo de estrellas en todos los sentidos. Venían de ser campeones cuatro años antes en el estreno continental del torneo y, sobre todo, eran de nuevo los favoritos indiscutidos. La ‘Araña Negra’ Lev Yashin, el rápido Chislenko, el habilidoso Korneiev y el mejor central de la época, Shesternev, formaban un cuadro potentísimo.

España, por el contrario, era un equipo extremadamente joven pues el seleccionador, Villalonga, había decidido dar entrada a jugadores con mayor frescura y potencia física. El crack era el gran ‘Luisito’ Suárez (único Balón de Oro español en toda la historia), que venía de llevar al Inter a levantar la Copa de Europa y lideró a España con solidez, calidad y dotes del gran genio que llevaba dentro. Iríbar en la meta, los goleadores Amancio y Pereda o dos de los ‘magníficos’ zaragocistas (Marcelino y Lapetra), eran capaces de dejar en el banquillos a nombres propios y de tanto peso como Gento o Collar.

La gloria tenía un nombre: Marcelino

El clamor de las 100.000 almas que abarrotaban el coliseo madridista con banderas rojas y gritos por el bien nacional, fueron un impulso extra en una cita inolvidable.

El inicio fue fiel a lo esperado y en sólo unos minutos los goles hicieron acto de presencia. Pereda, tras una asistencia forzada entre la zaga soviética, no se lo pensó y la empalmó con potencia a la red en un gol que abría la esperanza española. Minutos después, sin embargo, Jusainov volvió a empatar todo con facilidad.

Los tantos hicieron que ambos equipos recularan en sus alegrías ofensivas y se dedicaran a mantener fuerzas. España era quien empujaba a base de corazón y garra mientras los visitantes apreciaban el orden táctico por encima de todo. Así, sin prácticamente ocasiones de gol en ambas porterías, se llegó a la recta final.

A falta de sólo seis minutos para que el partido llegara a su fin y la prórroga alcanzara forma, una arrancada de Pereda (en el NODO televisivo siempre aparecio Amancio) por banda derecha, supuso un centro comprometido al área que no fue rechazado por la zaga soviética y que, en un escorzo complicado, supo cabecear con violencia Marcelino.

Un golazo en plancha, de complicada ejecución que supuso el gol definitivo para llegar al sueño y tocar un cielo que España jamás ha vuelto a disfrutar. Ahora son un ejemplo que sería bueno para todos que se quedara en el pasado tras la Eurocopa 2008.

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