Análisis e historias del fútbol internacional contadas por los mejores especialistas.

Archivo Mensual: junio 2008

España es campeón de Europa

Era la noche española, la cita que todo un país estaba esperando y la misma que sacó de sus casas a una afición feliz, expectante y esperanzada con un colectivo que había respondido con creces y un fútbol fantasioso a sus demandas históricas. Un estilo de juego y una personalidad inmensa fraguada en la fuerza de un colectivo que había logrado levantar cariño y respeto en toda Europa. Un registro que podía devolvernos a lo más alto tras 44 años de larga espera. Tocaba ganar. Tocaba festejar. Tocaba sentirse campeones.

Luis Aragonés, como se esperaba, no trastocó los planes. La baja de Villa, el gran goleador, fue solventada con la entrada de Cesc como ya ocurriera en semifinales tras la lesión del punta asturiano. Un once creado para dominar al rival, para ser el dueño de la pelota y para imponer su estilo de juego. Torres era el único referente ofensivo pero suficiente para poner en peligro a la zaga germana. Low, por su parte, sí apostó por Ballack pese a las dudas sobre las molestias de su capitán, que nunca nos hicieron presagiar una final sin su participación. Más allá del mediapunta, Klose y Podolski eran las apuestas atacantes, que por ahora habían tapado con sus goles las evidentes deficiencias defensivas.

El carácter de todo equipo ganador por naturaleza, se pudo ver en los primeros compases. Alemania tenía agresividad, fuerza y presionaba la salida de balón de una España intermitente, arrugada y muy incómoda en su propuesta de posesión. Incapaces de poder mantener la pelota, la ‘Roja’ tuvo que sufrir minutos de cierto desconcierto pero lo máximo que consiguieron fue provocar algún saque de esquina y balones parados. Por otra parte, esa consigna es su hábitat natural.

Pero en cuanto España supo calmar ese ímpetu germano, la cita se encaminó hacia el estilo que tantas alegrías viene dejando en el cuadro de Aragonés. Con Cesc muy liberado por la falta de ritmo de un debilitado Ballack y con la presencia incansable de Xavi e Iniesta como fieles escuderos creativos, las tornas cambiaron. Esa mejoría en el dominio debido a la regularidad de apariciones en mitad de campo, trajo consigo las arrancadas de Torres, que una y otra vez lograban sacar de su sitio a los centrales. Mertesacker y Metzelder son altos y robustos, pero extremadamente lentos para el punta español, que supo buscarles una y otra vez.

Fruto de esa mayor capacidad, surgieron las primeras ocasiones siempre basadas en la creatividad y electricidad en el control de la pelota. Un par de internadas del citado torres, las subidas de Capdevilla y las geniales asistencias de los ‘bajitos’, dejaron ocasiones. Tras un par de avisos con un cabezazo de Torres al poste incluido, el ‘Niño’ obtuvo recompensa a su insistencia. Un balón largo a espaldas de la zaga germana, hizo estragos en Lahm, que se mostró indeciso en su despeje y provocó que Lehman saliera con autoridad. Entre tantas dudas, apareció Torres con inteligencia para picar por alto ante el meta y poner a España por delante.

Una volea de Silva, un par de contras donde se reflejaban las mejores intenciones de la ‘Roja’ y la dependencia alemana de sacara provecho de jugadas a balón parado, nos llevaron al descanso con mucha autoridad.

Pero un gigante de las dimensiones teutonas, jamás descansará, por lo que si el guión no va con sus prioridades, no hay ningún reparo en modificarlo. Así, tras unos minutos donde apareció de nuevo el poder de un equipo creado para ganar y tremendamente obsesivo, Low decidió proponer el juego arcaico que siempre les hizo grandes. La entrada de Kuranyi respondía al canon común, a su simpleza y al fútbol directo por antonomasia. Con el potente delantero el mensaje era claro, buscar balones al área y segundas jugadas. Tuvieron minutos de apogeo pero Aragonés respondió de inmediato con la entrada de Cazorla para abrir el campo y Xabi Alonso para dar más eficacia y presencia al medio campo. España se rehízo y respondió con un par de llegadas donde Frings sacó un balón bajo palos tras un disparo de Iniesta.

Alemania se fue con todo adelante y España pasó a su versión más atrevida, la que genera contragolpes cuando los espacios crecen como los nervios de la recta final. Guiza para dar descanso a Torres y el hispano-alemán Gómez por un ensombrecido Klose, fueron los últimos recambios en busca de una reacción o de una serenidad letal en busca de la gloria. Sin embargo, cuando la precisión no llega, lo hace el cansancio y Alemania en este aspecto estaba desfondada, a merced de España, que desperdiciaba ocasiones a base de brillantes combinaciones.

Parecía imposible, era un sueño colectivo con un pasado negro que nos impedía creer, crecer en la confianza que el grupo reflejaba como un manantial. España se ha ganado el respeto del mundo del fútbol. España es campeón de Europa. Toca disfrutar porque esta vez, sí.

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El ‘torero’ alemán

La selección alemana, una de las grandes potencias futbolísticas por historia y la más imponente en cuanto a palmarés (tres Mundiales y tres Eurocopas) de toda Europa, siempre se ha caracterizado por sacar grandes goleadores. Todos conocemos al ‘Torpedo’ Muller, máximo goleador de la selección germana o a Uwe Seeller y sus más de 430 goles con la Mannschaft. Más actuales son Klinsmann o Klose, pero el futuro lo marca un jugador diferente a todos ellos. No es su altura (1,90), ni su precocidad en alcanzar el éxito (debutó con 18 años en la Bundesliga), sino que este domingo vivirá la final de la Eurocopa 2008 vestido de teutón pero con raíces hispanas.

Mario Gómez (el torero hispano alemán), reúne todas las cualidades necesarias para ser el protagonista que de un morbo especial a una cita que demanda números, desenlaces pasados y un apartado enorme de candidatos a héroes. Y es que el goleador del Stuttgart es el tanque germano por naturaleza debido a su corpulencia y potencia, pero suma una calidad y clarividencia de cara a puerta que le ha abierto el panorama mundial y le ha cotizado como uno de los principales reclamos del mercado actual.

Sin embargo, más allá de sus cualidades futbolísticas, las que le van a hacer dejar el equipo de Armin Veh para recalar en uno de mayor nivel (ha rechazado al Bayern y se rumorea su futuro para el Calcio), Gómez guarda un atractivo pasado. Y es que su abuelo es español y como su padre, tiene un cariño especial a la tierra granadina (Albuñán para ser más exactos). La frialdad que define a la mayoría de jugadores germanos, no se plasma en la sangre latina del ‘Súper-Mario’ alemán, que tiene mucho carácter y un temperamento bien distinto que le delatan.

Pese a esta morbosa raíz genealógica, Mario tuvo clarísimo que su tierra es Alemania y que era aquella la tierra a la que quería representar. Por eso, con sólo 15 años se enfundó la camiseta blanca con las categorías inferiores y, desde entonces, no ha parado de cosechar grandes titulares. Así, tras estar muy cerca de alcanzar la internacionalidad absoluta, lo consumó hace poco más de un año, con gol incluido. Así, confirmaba que se trata de la aportación más positiva que ha tenido la selección teutona en los últimos años.

Hace poco más de dos años, era un absoluto desconocido pero los 24 goles que anotó la campaña 2006-2007, le llevaron a un estrellato que sirvió a los del Gottlieb-Daimler Stadion para sumar su primer título liguero tras quince años. También les encaminó a la final copera pese a salir derrotados. Esta campaña, de no ser por una grave lesión (es uno de sus puntos débiles puesto que pese a su juventud ya ha caído en varias ocasiones), hubiera repetido registros. A pesar de ello, se quedó en nada menos que 28 goles.

El problema surgió en la Eurocopa. Mario Gómez llegó como delantero referencia junto a Klose, pero sus errores en los primeros partidos terminaron con la paciencia de Low, que pese a confiar ciegamente en su ‘niño’, prefirió fiarse del buen momento de un Podolski sensacional. Así pues, no se ha estrenado aún (y que así siga) pero buscará resarcirse personalmente con un gol ante España que realice sus sueños y, a la vez, rompa los de sus raíces paternas.

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El ‘gigante’ que nos espera

Aquellas palabras en las que Gary Lineker admitió que Alemania es implacable, afirmando que “el futbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once, y siempre gana Alemania”, son una losa para todo aquél que se enfrenta al gigante teutón. Su eliminación en Italia 90 en los penaltis, fue el detonante para que uno de los grandes del fútbol inglés, dejara su sello, una frase que en la previa de una finalísima supone un bálsamo de optimismo en los de Joachim Löw.

Ahora, aunque muchos tildan a esta generación de ser un bloque de nivel medio con un jugador que destaca desde su capitanía, Michael Ballack (posible baja por lesión), nadie puede reprocharles que su juego haya recibido críticas pues, una vez más, están en la finalísima.

Alemania es, ante todo, un bloque muy compacto. La selección teutona ha logrado alcanzar de nuevo un éxito marcado por el trabajo de Low que, por otra parte, mantuvo la filosofía de su antecesor, un Jurgen Klinsmann al que todos adoraron tras el buen desempeño del pasado Mundial 2006. Sólo resta confirmar toda esta corriente de optimismo con un nuevo título que sería su cuarta corona y, por ello, son favoritos históricamente.

Alemania no se esconde, no engaña y mantiene una solidez en su estilo, que sólo está al alcance de los grandes. Y es que, guste a o no, los germanos tienen una filosofía conocida que destaca por su agresividad, potencia, fuerza y energía física. Esa mezcla, unida a la experiencia del bloque, a su poder como equipo grande y a un conjunto que siempre da la cara cuando se le exige, les suele bastar para contar éxitos con facilidad. Sabe explotar al máximo sus cualidades, las moldea en beneficio propio y obtiene el cometido perfecto que sus números le exigen. El fútbol directo, las llegadas de hombres de segunda línea, la potencia a balón parado y una defensa adelantada, son señas de identidad conocidas y repetidas históricamente.

Tachamos a los germanos de ser un colectivo falto de creatividad y no nos falta razón, pero sabe sacar provecho a sus mejores bazas y eso, al menos en mi opinión, es un valor añadido y mérito suficiente como para merecer estar entre los semifinalistas. No se trata de jugar mejor, sino de entender y leer tus cualidades para sacarlas a flote entre aquellos puntos negros que la filosofía teutona no puede solucionar.

La Mannschaft (equipo en alemán), son una selección ganadora por excelencia, pero el momento en el que llega esta final les hace tener muchas más precauciones de lo normal. Su potencial está en el juego aéreo, el contraataque, las diagonales y una lucha incansable con el fútbol directo como estandarte.

La portería está siendo muy criticada. Lehman ha sido inamovible y pese a su irregularidad y dudas, nadie ha alterado su posición. Será su último gran partido y el fin de una dinastía de porteros con mucho carácter y experiencia.

En defensa, los cuatro seguros de Low son más que distintos. Mertesacker y Metzelder son dos centrales, robustos, con potencial aéreo pero muy lentos, algo que además queda muy evidente cuando salen de su posición. Vienen jugando con la línea muy adelantada pero están sabiendo solventarlo. En los laterales, Lahm es la estrella pese a sus dubitativas actuaciones en el torneo. Es atrevido cuando se ve con espacios, pero inconsistente ante jugadores de calidad que les molesten. Fiedrich, que ha ganado la partida por ahora a jugadores de mayor nombre como Fritz o Westermann, es más torpe y parece que su físico es la base para que la titularidad haya sido suya.

En mitad de cancha es donde Alemania muestra un aspecto más combativo y agresivo. Ballack es la estrella, el llegador por excelencia, el motor de una maquinaria potente, impulsiva y muy testaruda en sus principios de fútbol a empujones. El capitán es el líder, lanzador de faltas y estimulador oficial de todo un país.

A su lado, Frings (recuperado para la final), es la cara opuesta, la dinamita, la destrucción y la capacidad de orgullo en todo un experto con muchas citas a sus espaldas. Los dos jugadores más extremistas en sus principios de juego son Hitzlsperger y Schweinsteiger. El primero se ha ganado la puerta al once por su sacrificio, trabajo y fuerza para lanzamientos desde media o larga distancia mientras ‘Basti’, eléctrico e irregular a partes iguales, es peligroso con sus diagonales cuando aparece pero, a su vez, es una auténtica bomba de relojería si su carácter aparece en escena.

Pese a haber empezado con tres delanteros, Low alteró sus planes en mitad del torneo y el gran perjudicado fue el hispano alemán, Mario Gómez. El punta del Stuttgart se cayó del once por la gran rentabilidad de alinear a Podolski por detrás de Klose. Curiosamente, los dos últimos, titulares, goleadores y de excelente rendimiento con la selección, se transforman vestidos de blanco porque en el bayern han tenido un año a la sombra de las estrellas muniquesas. En sus pies está el poder ofensivo de un equipo con las claves bien predefinidas.
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El súmmum de la ‘Roja’

24 años de espera son muchos, pero sobre todo, demasiados para un país y un fútbol que han dado tantos buenos ratos al continente europeo. España sólo necesitaba quitarse la careta, la que le hacía empequeñecerse en momentos de angustia, la que escondía sus atrevimientos en citas de primer nivel y, en definitiva, aquella que alimentaba fase final a fase final, el mal fario que un día tenía que romperse a nuestro favor. Y se consiguió a lo grande, por la puerta reservada a los que cortan orejas, dejan ko a su rival o lo arrodillan ante sí y es que Luis dio con la tecla exacta en cada momento.

Pese a no estar muy de acuerdo en la rapidez con la que asumió su control al dar entrada Xabi Alonso y Guiza con más de media hora aún por delante y sólo un gol de ventaja, es cierto que el ‘Sabio’ viene manejando los tiempos con una grandeza al alcance de aquellos que han tenido ya muchas batallas para curtirse. Ahora le toca reír a él, nos toca disfrutar a todos.

La versión española fue camaleónica, restaurándose según las necesidades del partido y moldeando su grandeza minuto a minuto. Salimos lentos pero apareció el carácter de Senna en mitad de cancha para dar carácter, arrimar el hombro como nunca y, en definitiva, calmar los impulsos rusos, mucho menores que en anteriores ocasiones. A partir de allí, sólo un disparo peligroso de Pavlyuchenko que Casillas supo sacar como siempre, (es enorme la facilidad del madridista para mantener vivo al equipo cuando le llegan con todo) y tras la lesión de Villa, el partido necesitaba una lectura nueva, un planteamiento alternativo que en la ‘Roja’ fue Cesc.

El Gunner, que ha crecido día a día vestido de rojo, no sólo sumaba calidad al medio campo, sino que su capacidad organizativa, de llegada y de toque, sumó afiliaciones incomparables con Iniesta o Xavi, e incluso con Xabi Alonso minutos más tarde. Aquella facilidad creativa, de asociación ideal y con el temple que la situación requería, multiplicó el hambre de España, que pasó a ser una apisonadora de quilates puesto que Rusia, la misma que se había comido literalmente a Holanda, era incapaz de arremeter aquella ambición.

Cierto es que el intento de Hiddink de perpetuar el fútbol vistoso, le sale caro atrás cuando el marcador no es favorable. Con el toque desde atrás de Xavi, la definición perfecta de Guiza en una jugada con tintes de idiosincrasia histórica y la maniobra final de Silva (los dos últimos tras pases de Cesc), España metía la cabeza en una final que Alemania vive intensamente y supo tener a su alcance tras ganar a Portugal. El favoritismo es relativo porque pese a que España tiene más calidad y jugadores con capacidad de alterar sus guiones de juego, Alemania es más potente, agresiva y tosca, aunque sabe explota4r como nadie sus armas.

El domingo, el misil germano se cita en el viejo Prater con una España ejemplar, que ha levantado al país y que no conoce límite. Levantar la Eurocopa y enterrar todas las antiguas pesadillas será, desde luego, el mejor regalo posible para un torneo de aplausos infinitos. Gracias España. Enhorabuena Luis.
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Il tenore aphonic

Cuando vives el día a día de la Selección española, surgen todo tipo de detalles con asiduidad. Un gesto puede tener muchas lecturas (unas amarillistas y otras pacíficas), un partido se examina hasta el más mínimo apunte pero las sensaciones sobre lo que cada uno percibe en el ambiente, son personales y de posible naturaleza onírica. Dejarse llevar o no por los sentimientos, es como la fe, unos la siguen a conciencia y para otros no es más que una excusa eclesiástica. Pero quien escribe gritaba a los cuatro vientos que España iba a romper los malos presagios anteriores para escribir su propia página, la que silenciara a los azzurri.

Y es que la hinchada transalpina es, sobre todo, cantautora. Desde que salimos de Innsbruck (un viaje eterno en tren, por cierto), sólo se escuchaban una vez tras otras los cánticas italianos que anunciaban que la pelea de España no era sólo contra su propio destino, sino contra la actual campeona del mundo, algo que bien repetían sus aficionados: “Siamo campioni del mondoooo”…
Pocas horas después, no sólo el tono había desfallecido, sino que además, aquello había dejado de imponer. Al llegar, el temor se acrecentó, pero de vuelta, los fantasmas nos habían abandonado gracias a una magistral ejecución de un chico con rol secundario peor hambre de estrella, un Cesc Fábregas empujado por toda España. 24 años después, (antes de que el propio Gunner naciera), la ‘Roja’ se colaba entre los cuatro mejores.
Aquel fue el último sesgundo de un partido histórico donde los detalles fueron la clave per donde la suma de todos ellos no sirvió para definir un ganador. España fue superior en el global, dominó la posesión a pesar de que Aragonés había avisado que no quería la pelota. Le faltó mayor profundidad, más velocidad en la distribución y confirmar aquellas intenciones con ocasiones claras. Chiellini, con un gran partido, así como las salvadoras intervenciones de Buffon, mantuvieron la incógnita. Atrás, Toni siguió sin ver puerta (se marcha sin gol), pero es tal su corpulencia que Sergio Ramos a su lado parecería una marioneta a la que el azzurri domina a su antojo. Ayer el sevillano se sublevó y, de la mano de un estupendo Puyol, se lograron cerrar las vías que sólo generaba el nueve. Marchena evitó así mismo un gol.
Con esas cartas jugadas, Aragonés dio el primer paso y lo hizo con vocación ofensiva. Retiró a Iniesta y Xavi para dar galones a dos chicos que llaman fuerte, Cesc y Cazorla, ambos protagonistas hasta el final y con un carácter a la altura de muy pocos (ambos lanzaron magistralmente sus penaltis). Donadoni reaccionó al instante con Camoranesi pero no acertó con del Piero (algo tardío) ni con Di Natale, ambos eclipsados por el buen hacer defensivo de España.
Así, los sudores fueron los protagonistas en una noche épica, sofocante por el calor que desprendía Viena y los graderíos pero, sobre todo, porque por una vez, la sonrisa corrió de nuestro lado. Ahora, con optimismo y confianza plena, no se nos puede escapar porque lo más difícil ya se ha logrado, el canto italiano se perdió entre la noche. Il tenore quedó afónico.
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“54, 74, 90, 2006″… ¿2008?

Alemania es un país referente en la Europa económica. Se distingue por su fortaleza en cuestiones de seguridad, la solidez de su República federal Parlamentaria y la obligación de tener un seguro médico para poderse inscribir en la universidad y para obtener un permiso de residencia de más de 3 meses. En fútbol, son letales, implacables, agresivos y, desde el 2006, un colectivo más unido que nunca en torno a un país al que jamás pueden decepcionar.

La victoria de este jueves ante Portugal (3-2) tiene un punto de inesperada por la trayectoria y el estilo que venían mostrando ambos combinados, pero despeja cualquier duda y vuelve a mostrar la naturaleza teutona, justiciera hasta la extenuación. Y es que Alemania no esconde su bazas, ni tan siquiera altera sus planes en busca de sorprender al contrario con una nueva apuesta de última hora, sino que enseña las cartas, las moldea en beneficio propio y las saca una rentabilidad única. La rentabilidad del campeón.

El fútbol directo, las llegadas de hombres de segunda línea, la potencia a balón parado y una defensa adelantada, son señas de identidad conocidas y repetidas históricamente. Tachamos a los germanos de ser un colectivo falto de creatividad y no nos falta razón, pero sabe sacar provecho a sus mejores bazas y eso, al menos en mi opinión, es un valor añadido y mérito suficiente como para merecer estar entre los semifinalistas. No se trata de jugar mejor, sino de entender y leer tus cualidades para sacarlas a flote entre aquellos puntos negros que la filosofía teutona no puede solucionar.

El gran momento de un Ballack que se siente líder, las apariciones de un ‘Basti’ desaparecido hasta anoche (dio dos pases de gol a balón parado con su buen toque de diestras y abrió el camino con un gol) y la movilidad de la dupla Podolski-Klose (más allá de sus goles), se impone a sus defectos, que apuntan hacia la frialdad defensiva con dos centrales capaces de todo. Pero la palabra que mejor les define es la de ‘equipo’, una ‘Mannschaft’ anímicamente muy fuerte.

Y es que Portugal fue el guionista sin director, incansable en su labor ofensiva pero incapaz de desarrollar peligro más allá de jugadas puntuales, de chispazos de sus jugadores más desequilibrantes, con lo que fue previsible y con un ataque predefinido (y además sin nueve claro porque Nuno y Cristiano se alteraban con mínimas apariciones). Aún así, su coraje, el de un equipo que apuntaba a lo más alto y que , por momentos, encandila, le mantuvo vivo hasta el final. Ahora toca recambio, revolución sin Scolari y con rasgos de ocasión perdida.

Alemania, eterna y con una mentalidad ganador que toda Europa teme, sigue adelante. Como bien cantaban los hinchas germanos (doy fe de ello pues lo viví in-situ en la carpa de Neustift), todos son un bloque único en torno a su selección. El “54, 74, 90, 2006″ (en honor a los éxitos pasados) de Sportfreunde Stiller, fue una excusa para englobar una ilusión que desde el pasado Mundial tomó fuerza, sentó bases y ahora quiere saborear las mieles al son del indie.

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La catarsis ‘arshavínica’

Empezar una Eurocopa a la que se ha llegado tras dejar fuera a la todopoderosa Inglaterra, generó en Rusia unas expectativas más que bien fundamentadas por lo visto en la fase clasificatoria. Los de Hiddink, que de nuevo ha conseguido ser idolatrado en otro país debido a su excelente rendimiento y a la capacidad de hacer bloque, parecían haber cerrado ya sus objetivos al estar en la cita veraniega de selecciones per ni mucho menos era la meta fijada para el holandés.

Como ya he dejado caer en análisis previos sobre el equipo ruso, las bajas de Pogrebnyak y Arshavin eran demasiado sensibles para un bloque donde nadie destaca sobre el resto y donde la fuerza reside, precisamente, en la dosis de compañerismo residente entre los jugadores. Sin embargo, nadie podía ignorar que las dos estrellas del zenit iban a trastocar los planes establecidos así como reducir las esperanzas de los ex soviéticos. Pogrebnyak llegaba en forma como goleador de la UEFA y Arshavin como líder del actual campeón en esa misma competición.

Esas carencias se dejaron notar sobre manera ante España. Acaban de perder a su goleador, improvisaron en defensa y notaron la ausencia del eléctrico Arshavin. La ‘Roja’ se benefició de la sequía de cara a puerta, de su inocencia en tres cuartos de campo y de los experimentos defensivos (pasó de tres centrales a cuatro defensas con dos laterales muy ofensivos). Pese a ello, Hiddink no decayó en su idea de ganarse un puesto en cuartos a base de buen trato del balón, ser el dueño del partido y ampliar el abanico de opciones con extremos, mediapuntas y llegadores. Así, reaccionó ante Grecia porque Pavlyuchenko encontró el gol dentro de su aún evidente inocencia. La diferencia fue mucho más acusada de lo que se palpó en el resultado, pero faltaba un chispazo.

Con Suecia como rival para solucionar su cupo en cuartos, Hiddink mantuvo su idea pero ganó en electricidad, imprevisibilidad y velocidad. Es decir, que pudo ya contar con Arshavin tras su desafortunada sanción en los dos primeros partidos. El extremo del Zenit cumplió las expectativas con su desborde, insistencia y búsqueda de opciones en ataque, justo lo que demandaba su equipo. Un pequeño ‘zar’ al que llevar los objetivos y liberar de paso a sus compañeros, que rindieron mejor si cabe con la presencia del menudo y habilidoso ‘general’ de Leningrado.

Su aportación real se reduce a un gol y varias ocasiones claras peor, más allá de lo que propuso, dio un aire distinto y a su vez, eficaz. Su técnico sabía lo que deseaba de sus cualidades y por ello le liberó defensivamente. Creó una armadura con Semak por detrás y una línea de centrocampistas que amplió el poder ofensivo de un Arshavin letal con Suecia como juguete para un estreno atrayente. Debieron caer más goles.

Rusia sigue pecando (bajo mi opinión), de falta de pegada y de contundencia defensiva peor su propuesta es tan atractiva y tan limpia en cuanto a intenciones, que merece el mayor de los respetos posibles pues otros combinados con mayor calidad optan por esconderlo. Hiddink, pese a estas bajas tan importantes, propuso y logró premio. Un merecido premio.

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Entrevista exclusiva a David Villa

El Enganche logró compartir unos minutos con el máximo golador de la Eurocopa. Villa, que está en boca de todos y es el delantero de moda, admite que sueña con algo grande. Sólo falta poder culminarlo ‘Guaje’…

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Un desarrollo de Pedro Puig