Histórico
29 noviembre 2007Jose David López

Sarandí, la barriada campeona

El fútbol sudamericano guarda mejor que nadie en la actualidad, aquella virtud de conmovernos a base de hazañas. Tiene esa capacidad de reivindicación que una masa social no puede reflejar más allá de la cancha. Allí festeja sus pasiones y empuja con todo corazón a su equipo, que en más de una ocasión guarda sus limitaciones en una época en la que lo económico da la espalda a los pequeños. El mejor reflejo de esta especie en extinción es el Arsenal de Sarandí.

Y es que si este miércoles hablábamos de una apasionante definición del torneo argentino donde se lo jugarán finalmente dos equipos menores sin ningún título anterior, la historia quiere que el mismo año y sólo separado por unos días, otro modesto tenga su chance.

El Viaducto, perteneciente a la barriada de Sarandí, provincia de Buenos Aires, nació hace sólo 50 años (cogiendo los colores rojo y celeste de Independiente y Racing). Edad mínima respecto a los gigantes del país pero no problemática en su ascenso, regular y fructífero. Desde su nacimiento, el Arsenal ya creó varias ideas singulares porque sus mandatarios son Héctor y Julio Grondona, jefes de la Federación argentina y de valor en la FIFA. Ese aspecto glamoroso no tiene nada que ver con la entidad en sí, porque hasta 2002 no logró llegar a Primera.

Sin embargo, desde ese momento la lógica que le debía llevar a pasar apuros clasificatorios se olvidó y con Jorge Burruchaga en el banco (el hombre estrella de la entidad), la imagen y categoría del club creció. Ahora, ese trabajo bien continuado por Gustavo Alfaro, tiene ante sí la primera oportunidad seria de su historia al haberse plantado en la finalísima de la Copa Sudamericana.

Aunque ahora le espera el club más potente de México (en lo económico al menos), Arsenal no tiene miedo a nadie pues su camino hasta la cita de esta noche en el Azteca ha sido un absoluto éxito de la imprevisibilidad. Eliminó a San Lorenzo (que había salido campeón argentino), a Goiás, a Chivas y al todopoderoso River Plate. Además, siempre cuajó sus pases merced a un desempeño espectacular a domicilio. Ahora toca repetir la misma estrategia en el impresionante Azteca ante un América igual de favorito que lo eran en su momento los ya mencionados.

Y es que en algunos lugares, para el beneficio más dulce del fútbol, el juego de potreros, de la vieja esencia y de culto a la sana competencia, sigue vigente. No haya nada más justo que el fútbol porque la cancha es, ante todo, un embajador más de la diplomacia.

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