Histórico
12 octubre 2007Jose David López

Castigo a la doble P

En la Grecia posterior a la Guerra Civil (allá por 1960) surgieron, con la inestabilidad como principal punto negro, numerosos intentos de orden público y político. Así, el país pasó por manos monárquicas, democráticas o moderadas entre la mirada atónita de un pueblo incapaz de mantener la calma. Por desgracia, uno de los intentos de golpe de estado triunfó en 1967, siendo Georgios Papadopoulos su líder.

Este militar de la segunda Guerra Mundial y político tras varios ascensos honoríficos, logró, a base de fuerza, el sueño que siempre persiguió como guerrero y quiso llevarlo más lejos, extendiendo sus raíces a todo aquello que relanzara la imagen del pueblo heleno. Uno de esos valores que tanto orgullo creaba en la sociedad era el fútbol y Papadopoulos, como todo buen represor, supo aprovecharlo.

Sin ser un fiel del deporte, el déspota sí exportaba sus amores por los colores verdiblancos del Panathinaikos, dominador griego en la época y, sobre todo, su mejor baza a la hora de grandes gestas en Europa. Así, cuando el equipo ateniense se plantó en las semifinales europeas, el general vio una gran ocasión para expandir la fuerza deportiva del país y según se ha sabido ahora, decidió intervenir con una posible compra del resultado ante el Estrella Roja.

Aquél campeón por el que Papadopoulos sentía un aprecio exclusivamente interesado, estaba dirigido nada menos que por ‘Pancho’ Puskas y tenía un apartado físico espectacular. Destacaban Antoniadis (máximo goleador en aquella edición con diez goles y pichichi heleno hasta en cinco ocasiones) y los internacionales Kapsis, Domazos o Kamaras.

A sólo un paso de la final, el Estrella Roja les endosó un claro 4-1 en terreno balcánico pero en Atenas, tres goles de Antoniadis propiciaron el milagro y Grecia entera se volcó con la hazaña nacional. Ahora, la que fuera esposa del militar, Despina Gaspari, asegura que su marido la dijo antes de iniciarse el partido que “no había motivo para preocupaciones ya que el partido estaba comprado”, con lo que se han reabierto las dudas.

Días después, el Panathinaikos cayó en la finalísima de Wembley (2-0) ante el Ajax de Cruyff. Aquella noche, compras aparte, los griegos dominaron, tuvieron la posesión y merecieron mucho más. Curiosamente, Papadopoulos les había ofrecido 3.000 euros y una pensión vitalicia de 120 euros por el título, toda una declaración de intenciones.

Aquella vez, el dinero y el poder no fueron suficientes armas para un dictador que terminó sus días en la cárcel hasta que murió en Atenas, a pocos metros del Apostolos Nikolaidis, donde aquella noche se hizo historia. Desde entonces jamás se ha vuelto a repetir un éxito parecido y el castigo (de confirmarse) a la doble P (Papadopoulos-Panathinaikos) así parece indicarlo.

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