Histórico
24 mayo 2007Jose David López

Rafa se auto-devoró

Sensación de impotencia puede ser lo que mejor explique la debacle del Liverpool sobre la noche ateniense. Los Reds fueron fieles a su ideal, o mejor dicho, al de su técnico, un Benítez que planteó el partido a la perfección, pero que se derrumbó en una acción desafortunada. La presión a la salida de balón milanista, la acumulación de efectivos en mitad de cancha y desasistir así a Pirlo y Kaká, era el factor clave que buscó y logró Rafa, pero que terminó siendo devorado primero por la falta alarmante de pegada y, después, por la ‘puntilla’ del siempre heroico Inzaghi, justo el lado opuesto a la falta de gol. Pippo merece post aparte, como Maldini.

El Liverpool fue mejor, no hay porqué negarlo, hasta el gol lombardo. Lograron tapar las vías milanistas, cerraron su conexión de ataque y, sobre todo, generaron un incómodo choque para Ancelotti que, lo mejor que hizo, fue justamente eso, no hacer nada y saber que su equipo tiene bien estructurado un esquema y como ‘zorro viejo’, nunca se descompuso.

Los puntos negros del Liverpool fueron pocos pero vitales, porque cuando el Milan estaba a merced y muy inestable, no supieron culminarle para haber dado alas a su propia ambición y ánimos a su esquema. Donde flaqueó Benítez fue en las bandas, porque Zenden y Pennant si estaba destinados a romper y aprovechar esas dudas que sí logró con su presión, pero sobre todo el holandés, no tuvo su noche.

El Milan se dio cuenta de que la pegada enemiga era mínima y no le costó nada el saber estar y aguantar su ocasión, como haría un equipo matriculado por antonomasia en estas gestas. Esa oportunidad llegó casi de la nada y el ‘hombro mágico’ de Inzaghi terminó por dar incluso la razón a Ancelotti (feliz con su plantilla), que lo prefirió a Gilardino (y quien no).

En ese momento el partido nunca volvió a ser igual, incluso el Liverpool fue demasiado precipitado en su idea de juego e incapaz de sortear a un Milan contemporizador e inteligente como nadie. No se trata de jugar bien, sino de saber explotar tus fuerzas mejor que el rival y ganarle con ellas. El mal fario siguió a Benítez que, quizás pensando en una prórroga, alargó demasiado la entrada de Kewell (creo que errónea dada su inactividad) y de Crouch. El resto fue fantasía y pillería milanista contra empujones sin convicción. Justo o no, la séptima llegó a Milan, quizás el proyecto al que todos habíamos destripado en agosto.

Foto: AFP

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