Histórico
1 febrero 2007Jose David López

Pederastia futbolística

Recuerdo casi 20 horas de viaje en autobús, La Mancha (Talavera)- Lyon era el trayecto que debería llevarnos al momento mágico de mi, hasta entonces, corta vida. Tenía 12 años, mucha ilusión por el fútbol y una buena dosis de empeño que nunca falta a esas edades, con eso y unas respetables cualidades con el balón en los pies, fui, junto a diez chicos más, a mi primer torneo internacional, donde acudían combinados de Alemania, Italia, Inglaterra, Suiza y Francia, por parte española, nuestra humilde expedición. Las cosas fueron bien, salimos campeones y nos ganamos el derecho a acudir un año más tarde. De nuevo entre los once convocados (era bastante suerte la mía), acudí a aquél césped artificial que llamábamos ‘moqueta’ para finalizar en segundo lugar y poner fin a la aventura.

En aquella época y en tan suculento torneo, no faltaban ojeadores, y alguno estuvo rondando a nuestro entrenador, pero la familia, amigos, escuela y demás cosas cotidianas en un niño de 12 años estaban en su Talavera natal, no en cualquier rincón donde el manejo del balón se pagara con dinero. Pero… ¿y si fuéramos argentinos?

En un país que, como puede, se está recuperando de la peor crisis económica de su complicada historia, el fútbol puede convertirse en el único medio de subsistencia y progreso para muchos jóvenes y sus familias. Los clubes europeos, conocedores de las necesidades extremas no necesitan demasiado para tentarlos y les vale con ofrecer una casa y trabajo asegurado para los padres, mientras el ‘chico’ sólo debe preocuparse por entrenar. Bastante menos necesidad tenía cualquiera de los que viajaban conmigo en el autobús.
Esta estrategia, es una práctica en su éxtasis, ya que los clubes europeos ponen sus miradas sobre ‘niños’ argentinos cuando llevan apenas unos partidillos en campito de su barriada. De aquél ambiente pasan al europeo. Nueva vida, cambio radical en su aprendizaje (no el futbolístico) y, sobre todo, drásticos pensamientos en una cabeza demasiado precoz para asimilar lo que se le viene encima.
El último caso, quizás el más extremo, llega con Martín Acevedo. El niño, de apenas 12 años, es un jugador de las inferiores xeneizes de Boca Juniors en el que, por suerte o desgracia, se fijó el Atlético de Madrid. Un buen amigo de su ‘papá’ (que aún así lo debe llamar), lo llevó a España en diciembre, donde jugó para el Atlético un torneo juvenil contra el Inter, Barcelona,… donde, al parecer, el chico mostró unas cualidades que gustaron mucho a los ojeadores rojiblancos, con lo que la oferta ya está sobre la mesa. Además de ‘engatusar’ al chico con una camiseta firmada por el ‘Kun’.
Lo peor para Argentina y, quizás para el chico, es que el padre accede completamente a cambiar (para bien) su vida y la de su familia, con lo que Boca Juniors y la propia AFA, no pueden hacer nada salvo ver atónitos como les ‘roban’ figuras, porque Acevedo no es la única. Trejo acaba de recalar en el Mallorca con 18 añitos sin avisar si quiera de su marcha y, hace unos meses, Emiliano Insúa, viajó con otros juveniles de Boca a jugar un torneo en Europa y allí llamó la atención de directivos del Liverpool, donde ya está entrenando.
Las autoridades argentinas están atadas ante estos negocios y la sangría va en aumento y a menores edades, dejando claro que la FIFA, debería limitar la edad.
A veces, son las propias decisiones de los clubes sudamericanos quienes dan cabida a estas ventas porque, sin ir más lejos, esta pasada noche el Blooming boliviano ha alineado al volante Diego Suárez. Al chaval, de sólo 14 años, no le han temblado las piernas ante el Santos de Luxemburgo. Ahora sólo queda ver cuanto tardamos en verle en Europa.

Entrevista al ‘pibe’ de 12 años
Fotos: Libres

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