Histórico
23 enero 2007Jose David López

Abominar el cerocerismo

El Calcio es, desde hace tiempo, territorio avocado a los malos ambientes, al exceso de dudas en torno al campeonato y, sobre todo, al arreglo de resultados como práctica habitual a lo largo de los años, al que se intentó poner remedio de manera más que ‘blandita’ y serena este pasado verano. Esta campaña hemos visto ya varios partidos realmente soporíferos en un torneo tocado por las sanciones y sembrado de dudas en cuanto a la ilegalidad de los mismos, lo que genera un amplio abanico de ideas nada desdeñadas en el ambiente, que pocas veces pueden explicar a ciencia cierta lo que viene ocurriendo sobre el césped.

Este fin de semana, la duda ha invadido muchas mentes aficionadas al scudetto, entre las que me incluyo, de ahí mi supresión más absoluta y descarada hacia lo acontecido. La jornada de este fin de semana tenía dos puntos calientes, Reggio Calabria y Roma.

En la primera ruta, los de Walter Mazzarri recibían al Palermo en su difícil Oreste Granillo, un estadio que está acostumbrado a sufrir con la trayectoria de los suyos, que con más o menos calidad, siempre han intentado doblegar a sus rivales, máxime cuando este año la sanción por el escándalo veraniego le sacudió con 15 puntos (luego 11), algo que le dejaba casi sentenciada, pero que, pese a todo, y a base de mucha lucha, ha logrado sacar adelante.


El espectáculo no fue ni tan siquiera digno de mención, totalmente desvirtuado de competición alguna, nulo sentimiento de respeto hacia sus aficiones y una actuación grotesca en toda regla, que dejó los ánimos retraídos. Ni Mazzarri, ni por supuesto, Guidolin, muy defensivos ambos, quisieron arriesgar, pero es complicado poder expresar la poca convicción hacia el marco rival y el esperpento que supone ver como dos plantillas se autoproclaman acreedoras de un punto por nula intención ofensiva. Ambos daban por bueno el empate y se regalan 90 minutos con una evidente falta de tensión.

Para plasmar mejor lo que tengo en mente y acabo de intentar explicar, surgió, tan sólo un día después un clon, aunque en un escenario de mayor interés y en un ambiente aún más mediático, un Lazio-Milan. Los laciales no intentaron bajo ningún concepto inquietar a Dida, sino evitar a toda costa peligros del rival, que tampoco pudo ni lo reintentó a base de riesgos. Todos los jugadores demuestran tranquilidad, pasividad y apatía, lo que, en algunos casos lleva a la incredulidad en las gradas. ¿Tan mal está el fútbol como para no querer ganar un partido?

En una época en la que se ha recordado el mítico engaño o ‘bulo’ en el Mundial de España 82 que perjudicó a Argelia y en la semana en la que además se ha visto una mínima cantidad de goles en la liga española, este dato destapa que el fútbol está decepcionando cada vez más por estos lares. Todos miran hacia las islas, donde el espíritu combativo rehuye a toda costa de este tipo de excentricidades y engaños al personal.

La mayor de las penas, es que esta idéntica situación a la que poco a poco nos hemos acostumbrado en Italia, no será la última vez que ocurra. De lo que nadie puede dudar, es que a estos equipos los vale el marcador inicial y las pérdidas pueden ser peores que las ganancias, por lo que de alguna manera se debe de ‘preparar’ estos paupérrimos números teatrales.


Fotos: Yahoo

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