Histórico
13 octubre 2006Jose David López

Desde Rusia… con temor

Ya es conocida la devoción que tiene Guus Hiddink por encomendarse en las más complicadas aventuras a lo largo y ancho del panorama futbolístico. El técnico holandés, casi siempre ha logrado salir airoso de cada uno de los proyectos que se ha asignado y su nombre está entre los de los grandes entrenadores de la última oleada.

Hiddink, que como jugador no fue ni la centésima parte de lo que ya ha demostrado desde el banco, comenzó con un grande de Holanda, el PSV. En el Phillips Stadium logró lo máximo muy pronto, y es que lo hizo campeón de Europa en 1988 al tiempo que ganaba tres Eredivisies consecutivas. Pasó por Fenerbahce y Valencia antes de convertirse en seleccionador holandés en la Euro 96 de Inglaterra y de llevarlos a las semifinales en Francia 98, en una tanda perdida contra Brasil.

Tras pasar por Real Madrid o Betis, recaló en Corea donde hoy es un auténtico héroe al convertir a los asiáticos en una selección capaz de meterse en las semifinales del Mundial 2002, todo un logro que así ha sido valorado. Desde entonces, no ha parado de ganar títulos nacionales con el PSV y logró además meter a Australia en un Mundial tras 32 años. Pero el bueno de Guus quería resucitar al fútbol ruso y emprendió la aventura hacia lo que el llamó “el gigante dormido”. Ahora, meses después, el mismo gigante sigue aún hibernando.

Si recopilamos los últimos buenos años del fútbol ruso, sin duda, la mejor época pertenece a la antigua Unión Soviética, que agrupaba a lo que hoy es Ucrania, Georgia, Bielorrusia, Lituania, entre otras (que gran selección se sacaría también hoy de su unión). Lev Yashin, Zavarov, Blokhin, Dassaev, firmaron las mejores historias que se recuerdan de la vieja Rusia. Tras la división de estados, llegó el turno de los Karpin, Onopko, Mostovoi, Kanchelskis o Beschastnykh, pero la generación pasó y la madre Rusia quedó huérfana de fútbol, pasando sin pena ni gloria, cayendo en las primeras fases e incluso no clasificándose para Francia 98 o la Euro 2000 en Holanda.

Así, Hiddink (que es el primer técnico extranjero para Rusia), llegaba como el salvador para renovar viejos recuerdos, tanto, que incluso Roman Abramovich colaboró con sus petrodólares para (sin ánimo de lucro) reforzar a su propia selección. Las esperanzas estaban por todo lo alto, apuntaban a la vuelta a los grandes escenarios europeos y a batirse en fases finales pero parece que aún hay mucha tela que cortar.
Es cierto que no se ha perdido con Hiddink, pero dos empates en Moscú ante Israel y Croacia, y una sufrida victoria ante Estonia, hacen prever que el país más grande del mundo, deberá vencer en Manchester o el Zagreb para meterse en la Euro 2008. Arshavin, Kerzhakov, Smertin, Pogrebnyak y los hermanos Berezutski son la base actual.

El inconveniente número uno que el holandés se ha encontrando es el tremendo crecimiento de los equipos rusos. El nivel es mayor que hace años, son mucho más competitivos y adoptan un sistema táctico y defensivo mucho más depurado que épocas anteriores. Y esto, que puede parecer una utopía, es justamente el gran problema de Guus.

La Premier rusa ha crecido mucho en los últimos tiempos, los ‘rublos’, han conseguido atraer cada temporada a más jugadores extranjeros, algunos de excelente nivel y con mucho futuro, otros no tanto. Todo ello ha creado grandes problemas a los jugadores nacionales, que antes tenían copado por completo los onces iniciales y hoy, apenas son tres o cuatro. Además, ya son escasos los traspasos de jugadores soviéticos a ligas de primer orden.

Así, y aunque pueda parecer una contradicción, el fútbol ruso se está frenando a sí mismo como potencia nacional, al tiempo que aumenta su poder a nivel de clubes. Tendrán que elegir pero Hiddink tiene que bailar con la más fea.

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