Histórico
19 junio 2006Jose David López

Daniele De Rossi, las dos caras de un romano

No hace mucho tiempo en Goal.com reflejé una historia propia de los libros de “fair play”, un ejemplo que demostraba que no todo en este fútbol actual que nos sacude está dotado de maldad. Un gesto dotado de sinceridad, deportividad y educación hacia un rival, o más bien hacia un equipo y una ciudad, Messina en este caso.

Los hechos se remontan al 19 de Marzo de este 2006. Se enfrentaban en el estadio Olímpico de Roma el equipo local y el Messina. En un lance del juego, y con el marcador de 1-0 para los romanos, se produce una falta en el extremo izquierdo, a unos 5 metros del área.

El saque del brasileño Mancini fue rematado por De Rossi, anotando así el segundo tanto. El jugador lo celebraba con sus compañeros aunque de forma fría, desconcertado, dubitativo, algo le sucedía, ¿Que había pasado? El mediocentro romano se fue hacia el árbitro casi de inmediato y le hizo un gesto con la mano, el colegiado siguió y el gol no subió al marcador.

La repetición mostraba que De Rossi había intentado tocar el balón con la mano, quizás fue así, pero ni siquiera se adivinaba con seguridad que así lo hiciera y además ni siquiera cambió la trayectoria natural que el lanzamiento llevaba, pero para De Rossi su intención fue injusta y así se lo hizo saber al árbitro.

Desde aquí dimos fe en su día como un gesto casi sin precedentes, de eterna deportividad y de condecoraciones para De Rossi, que se convirtió en un modelo que más de uno debía seguir, más aún en un fútbol tan caótico como es el italiano a menudo. Tras eso avanzamos hasta el hecho que nos lleva a la confusión.

Este sábado, ese mismo chico, tiró por la borda muchos de los agradecimientos y reconocimientos que en su día se llevó. Todo lo dejó escapar por un tan absurdo como cobarde codazo a McBride, que terminó “cosido” a puntos en su pómulo y con sangre en la elástica estadounidense, al más puro estilo Luís Enrique aunque esta vez siendo los sufridores el bando de Bruce Arena.

Para dar mayor mordiente al asunto, no es la primera vez que De Rossi hace cosas así, no es ni mucho menos amigo intimo del bueno de Tassotti y ni tan siquiera se le reconocen amistades con Materazzi, por lo que parece que la moda se extiende. Ahora este chico romano conocido por su gran disparo, capacidad de mando y liderazgo desde hace varios años cuando debutó casi de niño en el Olímpico, siempre será juzgado como “agresor”. Y pese a que duela reconocerlo, lo merece, porque no es sólo una agresión, es la falta de sangre fría para saber que lo que se ha hecho está mal de inmediato.

No debió ni esperar a que le enseñaran la tarjeta roja para pedir perdón, pero en su contra, levantó los brazos y miró con cara de sorpresa la cartulina que le enseñaba el colegiado. ¿Es que no te la esperabas Daniele?

El jugador de la Roma salió del estadio hablando con la prensa de lo sucedido y por lo que se ve, pese a que se sabe que ha pedido perdón al pobre McBride y este le ha dado su consentimiento, De Rossi aún tiene un grave problema de cinismo, algo que no se soluciona con dinero ni a base de sanciones, se despidió con mensajes así: “Siempre que salto intento protegerme con los brazos, o utilizo los codos para ganar espacio. De ningún modo he intentado lesionar a nadie”.

Cada cual valore lo que quiera. Lippi ya lo ha hecho y ha afirmado que no deberían sancionarle, que el mismo lo hablaría seriamente con el romano, vaya solución Marcello…

Estos hechos deben ser borrados de los estadios de fútbol y no lo digo porque sea un mundial, que cosas peores se han visto en los campeonatos ligueros, pero como este mundial es un espectáculo tan atrayente se debería usar como trampolín hacia la el fair play” definitivo. ¿Como?, pues primeramente sancionando con dureza al jugador en cuestión, que aunque cueste decirlo, se merece eso y más.

Ahora nos quedan muchos partidos aún por delante, para disfrutar, no para ver atrocidades, la FIFA tiene la última palabra, si es que desea intervenir.

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