Histórico
1 enero 1970Jose David López

Real Madrid: Khedira, goles que valen títulos

Fueron incapaces de ganar hasta la cuarta jornada, el proyecto parecía volver a decepcionar tras la marcha de Giovanni Trapattoni y los nuevos fichajes no asumían el rol predeterminado. El renovado Stuttgart de Armin Veh languidecía necesitado de resultados positivos para ir construyendo una nueva base experimental y el giro iba a llegar desde la cantera. Era la generación del joven Mario Gómez (canterano que marcó 15 goles ese curso), del creciente Tasci (canterano clave en defensa) y del incipiente Hildebrand (considerado el mejor portero germano del futuro), además, de actores secundarios que acabaron rindiendo muy por encima de lo esperado (Boka, Hilbert o Hitzlsperger).

Pero aquella nueva concepción se fraguó en su ambición y carisma, el que sólo impulsaban las promesas que lo habían convertido en el club más joven de toda la Bundesliga. Ese Stuttgart acabó siendo un campeón inesperado, sorprendente y agradable, pero por encima de todo, el del sufrimiento, pues hasta el último instante tuvo que vaciarse. El tanto definitivo, el de una remontada agónica como local ante el Energie Cottbus, el que marcó el éxito, llevaba el sello juvenil del proyecto, el de Sami Khedira.

Y es que en aquella temporada impredecible en la que los del Gottlieb Daimler Stadion remontaron al Bayern, Schalke y Bremen en la recta final (gracias a una racha formidable de victoria agónicas), el empujón final corrió a cargo de un joven llegador que acababa de asentarse en el primer equipo. Sin ser titular, con minutos dispersos a lo largo de todo el año y con un exotismo tunecino que irradiaba en cada uno de sus gestos, Sami Khedira coronó campeón al Stuttgart con un gol inolvidable que acabó valiendo un título 15 años después. Desde allí, Sami se convirtió en leyenda. Con fuerza, imponiéndose por alto y cabeceando en una de sus mejores cualidades pues, por entonces, el internacional alemán era un segundo delantero. Algo menos ha tenido que esperar para volver a sentir esa sensación, la de un gol que suponga (casi) una Liga. Cinco campañas más tarde, repetía, de nuevo sin avisar, ante un Camp Nou impotente.

Un tanto que define a la perfección una de las grandes bazas del ahora mediocentro blanco. El germano no es destructor por decreto, sino un mixto de ida y vuelta, un batallador incansable que siempre se asoma a las cercanías del área y que no puede compararse en talento ni técnica individual a los que lo rodean. Todo-campista por su enorme proyección y recorrido (fruto de sus primeros años de profesional), lo que le hace llegar con mucha potencia y fuerza a zonas de ataque. Gran disparo con ambas piernas, consciente de la sorpresa que suponen sus centímetros en ataque y una gran capacidad de destrucción por su físico, centró los titulares pre-mundialistas tras la baja de Michael Ballack en 2010. Se dudó de su carácter para suplir al líder oficioso de la Mannschaft, pero se convirtió en el sirviente de Schweinsteiger y en el llegador por decreto de una selección cosmopolita (él mismo es un ejemplo de integración social), que le alzó a su mejor momento de forma.

Solventadas las dudas, Mourinho lo pidió pues, además, en su último año de contrato, era factible. Lo ha sabido potenciar, lo aisló de críticas por su rol de contención (un perfil que jamás ha encontrado amistades y valoraciones justas en el Bernabéu) y hoy, protagonizó el gol que todo el madridismo estaba esperando. No era una sensación nueva para él porque Sami, el héroe de Stuttgart, ya fue una noche el chico del gol clave.

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