Histórico
1 enero 1970Jose David López

Milan: El Shaarawy, hiperactividad faraónica

Los niños que nacen en pleno vuelo, no viajarán gratis en esa compañía el resto de su vida, aunque la leyenda urbana creció libremente sin freno durante años y quizás alguno sea ahora mismo cuando entierre esa inventiva. ‘Hello Kitty’ no nació de un diablo que intentaba curar a una niña con cáncer de boca ni los ladrones marcan con símbolos aquellas casas que pretenden robar posteriormente. Mitos, ficciones y fábulas que la sociedad genera por falta de explicación universal o por incapacidad para comprender la realidad. En el fútbol, existen muchísimas y una, quizás excesivamente repetida, tacha al Milan de ser un equipo tremendamente envejecido. No se puede ocultar que durante algunas campañas sí hubo argumentos en una plantilla tan experimentada como veterana, pero que hoy se siga alimentando ese cartel, es absolutamente erróneo e injusto.

El equipo que hace apenas unos días empató ante Catania, tenía una media de 28 años y acabó siendo de 27. Una edad en la que se sitúa posiblemente el momento cumbre de muchos futbolistas, más en un campeonato donde se aprecian jugadores que ya tienen experiencia contrastada al primer nivel e inteligencia táctica reseñable. No hay que ignorar que sigue siendo una plantilla que supera la treintena en muchos de sus pilares pero que, de igual manera, es catalogada de vetusta por sus días con Maldini, Costacurta o Dida como fejes defensivos. Esa dinámica lleva un par de años cambiando su perfil. Alejado de ese prototipo, irrumpiendo como adolescente talentoso y atrapando por su hiperactividad ofensiva, el proyecto estrella para el futuro del Milan ya está en San Siro y con sólo 19 años: Stephan El Shaarawy.

Es dinámico, inteligente en su constante búsqueda de espacios y revulsivo por la actividad que genera a su alrededor. De grandes movimientos en desmarque, de insultante libertad y con la excelsa seguridad de su potencial como mejor aliado. No conoce la timidez ni tampoco la inocencia y es un joven taimado, pues ha necesitado sólo media temporada en San Siro para quitarse de encima cualquier tensión ante el escenario que lo examinaba. Un contexto al que atacó, retó y hasta derrumbó cuando algunos analistas ya le colocan incluso por encima de Robinho de cara a los planes de la próxima campaña. El diamante que desean abrillantar en Milanello y que viene a confirmar el intento de rejuvenecer firmemente su vestuario, ese que debe liderar en las mejores pretensiones desde la posición de ‘tre-quartista’ o partiendo ligeramente desde el extremo (cualquiera porque usa ambas piernas). No le asusta, no obstante, su corta carrera ya ha roto pronósticos y records.

Y es que este italiano de padre egipcio (ergo exótico apellido encuentra explicación), sabe lo que es tener el foco de la expectativa en sus piernas desde que con catorce años abandonó la coqueta comuna de Savona (en Liguria) rumbo al Genoa. El equipo Griffone, una institución tan rocambolesca en sus decisiones como alargada en sus tentáculos con jugadores de categorías inferiores, lo sacó del modesto Ligune tras ser observado por Michele Sbravati (jefe de ojeadores) y lo haría debutar profesionalmente en Serie A con apenas 16 años (ya era la estrella de equipo juvenil que había levantado la Coppa de su categoría). Esa prematura aparición, histórica porque está entre los diez más jóvenes en alcanzar el primer nivel italiano, generó la respuesta más deseada, la de una llamada internacional. Su origen egipcio podría haberle traído problemas, pero que su padre entendió y respaldó que eligiera ya desde tan menudo, el escudo italiano.

Sin opciones en los planes de Giampiero Gasperini, su explosión en el Mundial Sub 17 de 2009 le hizo ser cedido al Padoa con la clara intención de buscar minutos y desarrollo en un nivel inferior donde se encontrara más cómodo. Y lo que se inició como una situación difícil sin encontrar su lugar, acabó como el año de explosión definitiva, destacándose como uno de los mejores de la categoría y siendo la estrella del conjunto biancorossi (que estuvo a punto de ascender de no ser por el último play-off ante el Novara). Nueve goles, detalles talentosos con descaro y plena confianza en sus habilidades, lo habían convertido en la firme promesa que todos pretendían en Serie A pero que, gracias a las buenas relaciones de Preziosi con Galliani (líderes mercantiles de Genoa y Milan), acabó engrosando la nómina del proyecto de Massimiliano Allegri este verano. Los 7,5 millones de su traspaso (más el alemán Merkel cedido), ya reflejaban lo que estaba por llegar.

Casi desconocido para el gran público, su puesta en escena no ha podido ser más atractiva. Un enorme repertorio de regates, controles y habilidades que ha sabido readaptar a su exigencia, pues mientras en Padoa sí era mucho más vistoso y quizás no tan efectivo, ahora es tremendamente básico en sus conceptos y siempre aporta condicionantes positivos al ataque del Milan. Buen cambio de ritmo, confianza plena en la definición (suma cuatro goles pese a no ser titular ni mucho menos) y un desparpajo que en San Siro ya ha cuajado para derrumbar leyendas con su envidiable adolescencia. Una hiperactividad que seguir desarrollando sin presiones aunque con las máxima expectativas rumbo a la selección italiana absoluta (aún no debutó y todavía podría cambiar de bandera) y a su confirmación como ‘ídolo faraónico’ en el Milan.

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