Histórico
1 enero 1970David De la Peña

FA Cup: Wembley, fútbol y respeto

El torneo de fútbol más antiguo del mundo con Wembley como escenario. Huele a césped y a cal. Lógico, porque el aroma que desprende la FA Cup está en una vitrina, con las cintas de Hitchcock y la guitarra de Hendrix, con el bastón de Chaplin y el piano de Rubinstein. Ni siquiera la reconstrucción del templo del fútbol inglés ha podido cambiar esa sensación. Wembley es tan cuidadoso con el balompié que la exposición que hay en su interior dedicada a la  Copa de Europa es un museo delicioso. Las camisetas de Cruyff o Gento, las botas de Beckenbauer, entradas, programas, carteles, o la gabardina con la que Ottmar Hitzfield guió al Borussia Dortmund a conquistar el título en el 97 duermen en las entrañas del estadio. Una demostración de respeto por la historia, sin tener porqué ser propia.

Esa cultura inglesa que arropa este deporte hace que sus propios torneos sean tan genuinos. Una pasión singular, que lleva a respetar de tal forma el espectáculo que los locales permiten que un sector preferente de su estadio se tiña de un gran número de hinchas visitantes, dotando a los partidos de un ambiente particular, cercano a una final. Y probablemente algo tan arraigado como esto hace que los ingleses conviertan la FA Cup, y en especial sus tres últimos duelos, en una fiesta futbolística sin parangón, donde su capital se disfraza un fin de semana al año con los colores de 4 aficiones diferentes, que sueñan con levantar la copa nacional por antonomasia del planeta fútbol.

Y para fortuna de nuestro voraz apetito de emociones futboleras, ese fin de semana acaba de concluir. Liverpool, Everton, Tottenham y Chelsea luchaban por estar en la gran final. El bombo fue caprichoso y emparejó a los archirrivales de Liverpool y a los vecinos de Londres. El primer plato era de lujo: un derby del Merseyside. Liverpool y Everton abrían el menú con el enfrentamiento de la capital del fútbol inglés. Y es que, aunque parezca que Londres o Manchester acumulan más  éxitos, lo cierto es que ninguna ciudad en todo el país tiene tantos títulos ligueros como Liverpool. Nada menos que 27 entorchados suman entre reds (18), y toffees (9). Bill Shankly dijo una vez que en Liverpool “solo existen dos equipos: El Liverpool, y los suplentes del Liverpool”. A lo que la hinchada del Everton responde que bien podría haber sido así, pero a la inversa, puesto que el Liverpool se fundó cuando el arrendatario de Anfield, John Houlding, subió el precio del alquiler y los toffees decidieron mudarse a Goodison Park.  Con Anfield vacío, fue cuando Houlding decidió fundar un club de fútbol, y estuvo a punto de llamarle Everton Athletic.

Sin ser un derby violento (son aficiones amigas, sobre todo desde que tras la tragedia de Hillsborough bufandas de ambos aficionados unieron Goodison Park y Anfield en recuerdo de las 96 víctimas), siempre es un derby de rivalidad sana, con ritmo, intensidad, y mucha pasión. Y desde luego, el enfrentamiento del sábado no decepcionó. David Moyes es un técnico que consigue optimizar sus recursos, y maneja muy bien el desarrollo de los partidos. De hecho, el Everton controlaba el duelo, con un Fellaini imperial en medio campo que ofreció superioridad en fase ofensiva y defensiva, y un Jelavic en punta que se está destapando como una de las revelaciones tras el mercado invernal.  Su pelea, constancia en el desmarque y agresividad le hicieron fundamental, consiguiendo que su equipo respirase en cada una de sus intervenciones.  Un Everton que ganaba hasta que un error fatal de Distin hizo que Luis Suárez empatase. Suárez no encarna los valores ingleses, desde luego, pero es un genio futbolístico. Enorme con su movilidad, apareció por todos los flancos del ataque y fue quien más produjo. Un delantero de élite que tiró del equipo. Finalmente Carroll pondría el 2-1 en los minutos finales con un remate sorprendente, que llevaría a su equipo a la victoria.

Y ya, con el Liverpool esperando en la final, el domingo ofreció un derby londinense. Cierto que la gran rivalidad del Tottenham en Londres es con el Arsenal por la supremacía del norte, o que la pelea del Chelsea en el oeste es más bien con el Fulham, pero lo cierto es que el gran crecimiento del equipo de Abramovich le convierte en un rival esperado por cualquier club de la ciudad. Un partido sin tanta historia como el derby del Merseyside, pero con un contenido futbolístico brutal. De hecho, el 1-5 con el que el Chelsea ha superado las semifinales es realmente abultado. Y es que los spurs controlaron muchas fases del juego. Bien armados en fase defensiva con dos líneas de cuatro, más las ayudas de Van der Vaart, consiguieron explotar los contragolpes gracias a la velocidad en los carriles exteriores de Lennon y Bale. Un imperial Parker asumía la responsabilidad en la resta, y un inmenso Adebayor protagonizaba las transiciones con sus recepciones de espalda y sus descargas. Quizá el único pero del Tottenham fue la salida de pelota, donde Parker y Modric fallaron.

El Chelsea, por su parte, dejó la imaginación a Mata y la responsabilidad a Drogba. El primero no pudo brillar con el marcador igualado, pero el segundo dejó una actuación para el recuerdo. Pesadilla para King y Gallas, hizo el 1-0 con una maniobra de libro. El 2-0 llegó en una acción muy polémica, con posible falta de Terry y dudas sobre si el remate posterior de Mata rebasó la línea. En cualquier caso, ya con el marcador a favor, el Tottenham se abrió y Mata brilló. El asturiano ha evolucionado de una manera bestial desde que Koeman le considerase en sus inicios un desatascador por fuera. Recibiendo en posición de mediapunta, ofreció una exhibición de último pase y talento para leer la jugada. Mata ya se ha convertido en la piedra angular en la producción de situaciones relevantes, y solo deberá ser más regular según cambie el escenario para convertirse en uno de los mejores futbolistas del planeta.

Chelsea y Liverpool se enfrentarán, por tanto, en la gran final de la FA Cup 2012. Los blues buscarán su séptimo título, mientras que si son los reds quienes levantan el trofeo, ganarán su octava FA Cup. Sin duda, hay trofeos más importantes, pero cuando miles de aficionados desciendan las escaleras de Wembley Park,  y rebasen la estatua de Boby Moore para ocupar su sitio en Wembley, sentirán algo de lo que tiene envidia todo el mundo del fútbol: La ilusión de poder conquistar la competición de clubes más antigua del planeta.

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