Histórico
1 enero 1970Jose David López

Escocia: Celtic vuelve a ser el ‘Rey’

Se levantó delicadamente, mucho más de lo que lo haría para reñir a uno de sus jugadores o criticar una decisión arbitral. Buscaba liberación, unos segundos de paz interior, de confianza moral. Un instante para reír, para cerrar los ojos y para dejarse llevar. Explotaría justo después con un puño en alto y la otra mano directa al corazón, pero el orgullo y la felicidad tras enormes sufrimientos y dudas, le hizo estallar en lágrimas. Abrumado, intentó ceder protagonismo a sus jugadores, en los que siempre mantuvo la fe pese a las dudas. Pero el foco lo buscaba a él, puesto que por fin, después de un bache de tres años, Neil Lennon acababa de ganar su primera Scottish Premier League como entrenador del equipo de su vida, un Celtic de Glasgow (0-6 al Kilmarnock este sábado).

“Me siento reivindicado. Sentí que estaba en libertad condicional, caminando detrás de Gordon Strachan, Martin O’Neill, Wim Jansen, Billy McNeill, Hay Davie y el Sr. Stein. Pero ahora estoy caminando a su lado”. Un Lennon caracterial que en su etapa como jugador fue amenazado de muerte por el Ulster, que dejó la selección norirlandesa por ello y que fue capitán del sentimiento católico a principios de siglo. Ahora el icono de una nueva generación sin estrellas pero con la regularidad como castigo. Su premio, una batalla superada en la eterna dualidad escocesa que ahora corona al Celtic como nuevo ‘Rey’.

Fue una celebración prevista (21 puntos de diferencia sobre el segundo), organizada desde hacía tiempo y sin oposición durante 90 minutos de ironías al enemigo (un Glasgow Rangers debilitado por la ley concursal en la que se encuentra y que fue penalizado  con diez puntos por ello hace semanas), elogios a los jugadores, festejos singulares en cada gol, cánticos históricos y manifestaciones de cariño eterno al único y admirado entrenador. El mismo que supo desde que saltara a Celtic Park para ser agasajado por los flashes, que la tribuna tendría la palabra semanalmente y que sólo podían contentarse con títulos. No lo logró en su primer año, donde se conformó con la Copa. E incluso hace unas semanas su racha gris se agrandó inesperadamente con la derrota en la final de Copa de la Liga ante el mismo Kilmarnock que esta semana golearon. Pero esta SPL es su respuesta a tantos momentos de tensión y hostilidad creciente. Una recompensa estoica y plena de superación, la de llevar al equipo de su sangre a la gloria.

Una de las claves es la perseverancia que ha reflejado estos dos años en algunos de sus jugadores, no siempre amparados por los analistas o afición, pero que han terminado por alcanzar el nivel que Lennon pretendía. Ninguno sería titular en clubes de nivel continental, pero en el entorno real y secundario en el que se encuentra el fútbol escocés actual, siguen marcando diferencias por sacrificio, profesionalidad y técnica en tierra de músculo gratuito y conceptos arcaicos. No alcanzó las sensaciones óptimas de algunas etapas previas y lejos quedan sus metas de poder ser respetado como antaño en suelo Champions, pero sí ha sido el equipo más brillante, ofensivo y asociativo del campeonato. Y todo, teniendo que superar lesiones en varios de sus jugadores más importantes, debilitando en exceso sobre todo su línea defensiva (Izaguirre, Majstorovic, Lustig y Cha Du-Ri han tenido problemas graves todo el año), así como los golpes continentales al caer en la previa de la Europa League (ante Sion) y ser re-adaptado para caer nuevamente en la fase de grupos.

La columna vertebral no entiende de jugadores salientes, sino de uniformidad global en un rendimiento notable. Fraser Forster, un gigante bajo palos quizás demasiado imprevisible pero que ha rentabilizado la apuesta de Lennon en él cuando insistió en su contratación hace dos años (pertenece al Newcastle). Charlie Mulgrew como comodín defensivo antes las incontables bajas en esa línea, actuando de central o de lateral zurdo y convirtiéndose en uno de los mejores activos a balón parado  en juego aéreo (siete goles este curso). En la medular los dos hombres clave son el coreano Ki Sung-Yong por su talento como creador-organizador del equipo así como el israelí Kayal, convertido en icono y prolongación caracterial-competitiva de Lennon sobre el césped. Un símil, aunque con algunos problemas físicos que le hicieron perderse la primer aparte del curso, es el capitán Scott Brown, infatigable.

Ofensivamente, la contribución de Ledley o Forrest, siendo el galés mucho más regular y sólido en los esquemas, también ha sido importante aunque los desequilibrios más efectivos corrieron a cargo de sus tres singulares delanteros. Samaras no ha firmado ni de lejos su mejor año, siempre frío, escorado en banda pero tenaz cuando tiene la predisposición de marcar diferencias. Los goles son obra de sus dos rematadores más letales, Hooper (18 dianas que le hacen ser máximo goleador actual del campeonato) y Stokes. Ambos hermanados con la velocidad, la inteligencia en la búsqueda de espacios y la celeridad a la hora de finiquitar jugadas dubitativas en el área enemiga.

Argumentos que devuelven el tronío escocés a un Celtic minúsculo respecto al de otras épocas, pero con la vía del sentimiento católico absolutamente inmaculada en su identidad. Una generación sin estrellas, sin egos y sin excentricidades, pero con un personaje que engloba todo esto y más en su rostro, Neil Lennon. Nuevo ‘Rey’ de Escocia. ¡Enhorabuena¡

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