Histórico
1 enero 1970Jose David López

Chelsea: Ramires y el radar interminable

Fabrican goleadores técnicamente incomparables, enganche con una pasmosa facilidad desequilibrante por talento y laterales de largo recorrido siempre referencias mundiales. Tienen la colección más deseada de Copas del Mundo, la cantera que sirve de vivero para el planeta futbolístico y la pasión más desbordada que un graderío haya soportado en sus arcaicos cimientos. Brasil es referente, exponente e historia viva de los mejores jugadores que este deporte ha sido capaz de generar. Ya sea en sus humildes favelas, en las playas de Río o en las madrugadas de carnaval. Siempre hay lugar para el futbol como definición plena de la sociedad canarinha.

Sin embargo, la amalgama de estrellas que su rica leyenda atesora, jamás generó protagonismo para aquél que no siguiera plenamente el rol de todo buen brasileño. Pocos porteros, centrales escasos y mediocentros ensombrecidos. Sin el talento como principal fuente de recursos, alejado del gol con asiduidad e impulsando su envidiable físico que lo destaca sobre el resto, el Chelsea ha quedado prendido y necesitado de su amplitud de recorrido. Incluso la nueva selección brasileña, ahora se basa en sus potencialidades. El incombustible, la energía interminable, la zancada larga y el radar ‘box to box’ de Ramires.

Aquél ídolo Raposa para la afición de Cruzeiro era su brasileño más insólito, su particular ‘keniata azul’ (apodo que etiquetaron a Ramires por su caminar y estética africana en carnes de un brasileño). Poseedor de un físico poderoso pero no artístico, con dotes para la aceleración, carrera continuada y despliegue de área a área en labores tanto defensivas como ofensivas. Un ‘corredor de fondo’ que reinó en Belo Horizonte enfundado en el azul potente del Mineirao y que en cuanto tomó empaque y experiencia, los apenas 300.000 euros de su fichaje se convirtieron en 7.5 millones de euros en un traspaso rumbo a Europa directo al Benfica.

Por el camino, ya había sido medalla de bronce en las olimpiadas de Pekín, debutante con la selección canarinha en eliminatorias para Sudáfrica 2010 y activo en la Copa Confederaciones. Premisas válidas y justificadas como para que su estreno europeo fuera todo un éxito en un Benfica dinámico y con estilo ofensivo a que otorgó musculo y llegada consistente. Siete goles, 43 partidos como ‘intocable’ y un ‘doblete’ (SuperLiga y Copa) lo atestiguan. El Chelsea quedó encandilado y pagó 22 millones de euros, una cifra que siempre había estado reservada a un rol determinado dentro de los jugadores brasileños y que nada tenía que ver con aquél incansable ‘keniata’ que volvía a vestirse de Blue en el barrio ‘chic’ de Londres. Otro enclave donde ese tipo de jugadores nunca encajaría pero donde hoy es absolutamente imprescindible.

Y es que hoy Ramires es determinante y su rol ha crecido exponencialmente en el proyecto del Chelsea. Primero fue suplente de Essien para convertirse posteriormente en escudero de la medular. La pasada temporada su desempeño se centró en guardar la posición, equilibrar el sistema y responder ante cualquier error defensivo o necesidad de repliegue. Su corpulencia, interminable energía y capacidad regenerativa, son una seguridad plena para sus compañeros, conscientes del rol determinante el brasileño. Este curso, marcando ya algunos goles, ha crecido y mejorado notablemente su aportación, descolgándose en ataque, actuando como interior y gozando de plena libertad para tomar relevancia en destrucción o en despliegue, pues su fuerza y potencia ha generado estragos ante la imposibilidad de darle caza una vez arranca. Un tren inferior poderoso y una mentalidad infatigable.

Un ‘keniata Blue’ que ya ha renovado hasta 2017 hace unas semanas. Nunca fue atractivo, modélico ni elegante, pero su tenacidad es única y especial. Enemigo de lo galano pero hermanado con el vigor. Un radar que te persigue. Un radar interminable.

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