Histórico
1 enero 1970Jose David López

Borussia Dortmund: Reflejo vanguardista de Alemania

Una cerveza entre amigos es la manera más cómoda y tranquila de poder sociabilizar con nuestros símiles. Nos ofrece libertad, paz y confianza para poder conectar de una u otra manera con nuestros acompañantes. Y en ese entorno de espontaneidad  y concatenación de ideas, con la jarra en la mano y el viento callejero apoyando nuestras sensaciones positivas, nacen muchos proyecto. Uno de ellos fue el Borussia Dortmund. Trabajadores amantes del fútbol que, aún sin muchas habilidades para la práctica honrosa de mismo, estaban cansados de las sanciones recibidas por el líder de la parroquia donde servían. Hubert Kaplan no era amante del deporte y les había añadido una oración la tarde del domingo para evitar su ‘escapada’ futbolística de la semana. Tal fue su enojo, que no tardaron en organizar su propio club, saltándose las normas y luchando contra los impedimentos con una cerveza en la mano.

Tan importante fue ese entorno libre e imprevisible, que el nombre elegido para la entidad Borussia, hace referencia a una de las Brauerei Dortmunder (DAB, fábricas de tan famosa bebida germana, en Dortmund) que suministraba la propia cerveza al local donde ellos solían pasar sus tardes-noches ociosas. Robert Unger apostó por la indumentaria con pantalón negro “para reflejar el origen minero”, mientras Hans Siebold deseaba “tener a los mejores jugadores locales ara dar identidad a nuestro estilo” y Franz Wendt ansiaba “albergar a toda nuestra comunidad en un estadio imponente que demuestre nuestros sueños”. El Borussia Dortmund nació luchando, superando obstáculos, tocando éxitos efímeros y renaciendo cuando las monedas les habían dado la espalda. Hoy, por segundo año consecutivo y octava vez en su historia, son campeones de la Bundesliga. Un perfecto reflejo del cambio generacional y de estilo que abandera su fútbol y su selección.

Una vez más, el primero en ser elogiado por sus conceptos y habilidades anímicas debe ser Jurgen Kloop. El entrenador, carismático, excéntrico y revolucionador, se embarcó en un proyecto altamente peligroso hace ya cinco años. Por entonces, después de sus progresos en el Mainz (al que llevó desde categorías inferiores a la élite), consideró que el margen de mejora era escaso y ante el interés de clubes más poderosos, decidió asaltar el Westfalen en plena crisis financiera. Es desinhibido, expresivo ante la victoria pero también en la derrota y, sobre todo, amante de su melena rubia, su gorra amarilla y las cientos de cámaras que siempre manejan a su alrededor. Un personaje frenético que en sus inicios en el primer nivel, había certificado una enorme capacidad para abanderar vestuarios jóvenes y exprimir todas sus cualidades. Así había alcanzado reputación y así lo recalcó y maximizó en un Borussia Dortmund gestado a su imagen y semejanza.

Cuando el presidente Reinhard Rauball llegó a su cargo (meses antes que Kloop), la misión principal era crear un proyecto sin problemas financieros y que intentara competir en zona media-alta de la Bundesliga con los mínimos euros que habían quedado disponibles de la crisis que aún coleaba en la entidad. Solicitó un informe detallado de cada inversión que se manejaba y de la situación de sus escuelas juveniles. La perspectiva no era otra que intentar explotar su cantera y acertar en adquisiciones baratas con jugadores jóvenes que pudieran progresar con su camiseta. El caracterial Kloop no tardó en mostrar el camino que iba a catapultar al gigante del Rhur nuevamente entre los grandes del continente. Un vestuario joven donde las premisas fueran claras y concisas en pro del fútbol asociativo, el dinamismo, la energía y la intención de buscar siempre la victoria. Una línea que había iniciado al mismo tiempo la selección alemana y que hoy apadrina a todo un país, que no sólo concibe el fútbol de manera diferente, sino que ha entendido la lógica y precisa renovación de ideales para poder aspirar a la gloria de los grandes títulos.

Una receta ya mostrada y explotada el año pasado, cuando su primer título instauró estas diferencias exitosamente a ojos de una Europa que buscó desmantelar su proyecto. La fortaleza financiera que han logrado muchos de los clubes alemanes como respuesta a sus grandes inversiones y decisiones competitivas, así como la mejora de las arcas del Dortmund a raíz del título y su regreso a la Champions League, evitó que sus estrellas salieran (a excepción de Nuri Sahin). Con el nuevo curso, se mantuvo la columna vertebral, pero lejos de acomodarse, siguió progresando en sus conceptos y renovando doctrinas básicas. Porque Subotic-Hummels representan hoy seguramente la pareja de centrales de mayor proyección y capacidad de Europa, porque Kagawa rompió el mercado asiático para demostrar que su talento exótico desequilibra partidos en epicentros occidentales, porque Lewandowski fue capaz de sentar al killer Lucas Barrios hasta convertirse en el delantero de moda en el campeonato y porque el colectivo, sano y motvado, ha mejorado notablemente su nivel. Un vestuario basado en la predisposición al sacrificio y el espíritu de equipo.

Las pruebas son tan claras como irrefutables hacia la enorme labor del entrenador. Piszczek pasó de ser casi delantero en sus días del Hertha hasta convertirse en el mejor lateral diestro del campeonato. Schmelzer era un canterano recién llegado al que ascendió y dio confianza en el primer equipo para ser hoy internacional. Hummels era un central inexperto llegado desde el Bayern como cedido al que sólo él ofreció tranquilidad y ahora es el mejor central germano del momento. Subotic era uno de sus ‘caprichos’ pues lo había moldeado en su etapa en Mainz y no tardó en ficharlo casi gratuitamente.  Kevin Grosskreutz y Sven Bender procedían de equipos de segunda división y años más tarde defienden la camiseta nacional de Alemania. Kagawa costó 350.000 euros desde la segunda división japonesa y esa inversión se multiplica ahora por cincuenta una vez convertido en referente talentoso. Gundogan fue la urgente contratación para intentar olvidar a Sahin y aunque no ha alcanzado su nivel, se ha convertido en líder medular en la segunda parte de la campaña. Y hasta desde su propia fábrica ha sabido generar ilusiones y jugadores aptos pues Gotze, jugador fetiche y estrella nacional, es ya el ‘Golden Boy’ pese a haber tenido un año de castigo físico. El próximo es Moritz Leitner, al que ya ha dado minutos importantes este curso y desarrollará a fuego lento.

No obstante, Kloop contó con dos manos determinantes y adaptables a sus ideas, que defendieron sus propuestas en busca de la estabilidad. Un papel importante en estos éxitos también lo forman el director ejecutivo Hans-Joachim Watzke y el mánager Michael Zorc, acompañantes, hermanados a sus teorías y que han renovado junto al entrenador hasta el 2016. Una defensa ultranza a una labor con réditos inimaginables, con principios basados en el espectáculo y con la brillantez de haber situado al Borussia Dortmund a la altura de los más grandes de Europa con enorme personalidad. Su siguiente paso será evitar el desmantelamiento para su asalto a una Champions donde debe ser más competitivo y que ya les espera cono honores, los reservados al campeón vanguardista del momento.

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