Histórico
1 enero 1970Francisco Ortí

Atlético Madrid: Diego Ribas, el artista de las obras inacabadas

El fútbol señaló a Diego Ribas da Cunha como un hombre destinado a la gloria, pero el brasileño se torció por el camino. La carrera deportiva de Diego es una historia repleta de oportunidades perdidas, desperdiciando un talento descomunal. Es la historia de un hombre incapaz de dar el último paso, el paso decisivo, hacia el éxito. Se le atraganta. Se bloquea. Como si se negara a aceptar que la gloria fuese su destino. Reiteradamente construye una base que le eleva a los cielos para lanzarse al vacío desde lo más alto cuando está a punto de alcanzar la gloria. Tragicomedia balompédica. Suicidio futbolístico.

Para bien o para mal, este jueves (21.00 horas) Diego tiene una nueva cita para la historia. El Atlético de Madrid está a un paso de disputar la final de la Europa League. Los rojiblancos ‘sólo’ tienen que evitar perder por más de dos goles en Mestalla ante el Valencia para sellar el billete a Bucarest. El 4-2 logrado en el partido de ida deja al Atlético de Madrid con pie y medio en la final. Sólo falta dar el último paso. Justamente el paso en el que siempre tropieza Diego. Su carrera dibuja el perfil de un artista incapaz de culminar sus creaciones. Un genio de obras inacabadas. Así lo ha sido desde que abandonó el Santos, ensombrecido por las bicicletas de Robinho, pero ensalzado por unas cualidades de un maestro.

En Vila Belmiro comenzó a brillar como futbolista al lado de una generación de nuevos talentos liderada por la espectacularidad de Robinho. El futuro jugador del Real Madrid, Manchester City y Milan acaparaba los elogios, mientras que Diego, en un segundo plano, llevaba la batuta del juego del Santos. Su concurso era vital. Era la estrella oscura de aquel equipo y lo llevó hasta las puertas del éxito, pero se le cerraron en el último momento. Ganó dos veces el título de campeón de la liga brasileña, pero le faltó la corona: la Copa Libertadores. El Santos logró disputar la final del torneo más prestigioso de Sudamérica en 2003, pero fueron arrollados por Boca Juniors. Era el primer fracaso que saboreaba Diego y se le excusó por la juventud del equipo.

Diego escapó indemne de aquel golpe y fue traspaso como estrella al Oporto a cambio de 8 millones de euros para ocupar el hueco dejado por Deco, quien había fichado por el Barcelona. El Oporto venía de ser campeón de la Liga de Campeones y las expectativas eran muy altas para el conjunto luso y para Diego. Se esperaba que estuviese a la altura de lo logrado por Mourinho el curso anterior. Fracasó. Ganó la liga portuguesa, pero el papel de Diego fue secundario. La temporada siguiente su protagonismo se vería todavía más reducido y dos años después de llegar a Oporto como una estrella se marchó por la puerta de atrás en una operación que a los portugueses les costaría 2 millones de euros.

No había comenzado bien la aventura europea de Diego, a quien sí le restó algo de prestigio su naufragio portugués y recaló en un Werder Bremen con menos pretensiones que su ex equipo. En Alemania, por el contrario, encajó desde el primer día. Sin la presión de ganar, Diego destapó toda su magia. Posiblemente su etapa en el Werder Bremen responda a su mejor momento como futbolista. En lugar en el que Diego mostró su verdadera dimensión como jugador. Conquistó dos copas y enamoró tanto a Alemania como al resto de Europa, pero, de nuevo, volvió a tropezar antes de dar el paso decisivo hacia la gloria. Con el Werder Bremen clasificado para la final de la Copa de la UEFA, Diego vio una amarilla que le impediría disputar la final. Se la perdió, y el conjunto alemán sucumbió ante el Shakhtar Donetsk.

En Bremen rozó la gloria, pero no llegó a alcanzar. Nunca ha vuelto a subir tan alto. Tras aquello no ha vuelto a levantar cabeza. En la Juventus de Turín, donde llegó como el heredero de Alessandro Del Piero, fracasó estrepitosamente, llegando a convertirse en un personaje odiado por la Vecchia Signora. Tampoco funcionó en el Wolfsburgo, donde su rivalidad con la directiva y cuerpo técnico le acabó sentenciando. A este historial de oportunidades perdidas hay que sumarle el fracaso en los Juegos Olímpicos de 2008, donde Brasil construyó un equipo que soñaba con ganar el oro, el único título que echan de menos los brasileños, y tuvieron que conformarse con el bronce. Pese a todo, Diego tiene una última oportunidad para alcanzar el éxito. Con el Atlético de Madrid está volviendo a brillar y está a las puertas de la final de la Europa League. La gloria vuelve a llamar a sus puertas. El artista podrá acabar su obra. O dejarla inacabada de nuevo…

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