El Enganche

Análisis e historias del fútbol internacional contadas por los mejores especialistas.

Sevilla: El edificio de Emery

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Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

Trabajar con personas es el oficio menos inteligible y cientifista posible. Las personas son complejas y se empeñan en complicar cuanto menos complejas son. Si además de ser personas, son niños acomodados que juegan a un deporte que parece simple, pero se vuelve complicado conforme subes escalones, desembocamos en un evangelio de piel muy fina donde el detalle vale tanto o más que la esencia. Esto es el fútbol, amén más o menos del forraje verde que decía García Márquez.

Y el fútbol, como deporte colectivo, se sostiene en equipo, que solo se hace madurando las piezas acorde a un estilo, a unas órdenes y a una profundización sobre las piezas del tablero. Unai Emery comenzó la temporada sin dudas porque los fichajes fueron muy buenos (quizá se pueda debatir sobre la necesidad de dos nueves de tanto nivel) en tanto en cuanto daban magia, la que se puede, y suplían carencias. No tanto emocionales (Navas y Negredo), que eso está por ver, sino estricta calidad futbolística. El Sevilla comenzó con un plan de juego que se basó en armar todo en función a su mejor pieza, Ivan Rakitic, que ha ido mascando posiciones y roles hasta que Emery ha encontrado el estilo definido de un equipo con registros tan distintos como buenos y válidos.

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Benfica: Vitor Paneira, un héroe particular

Guillermo González (@Guille_Futbln)

¿Dónde empieza y acaba la estela que dejan los ídolos? No hay nada como enaltecer aquella imagen que inspira esa sensación de bienestar y de seguridad, una razón que incentiva el fervor. Romain Rolland, escritor francés, aseguró que “un héroe es todo aquel que hace todo lo que puede”, y aquí entran desde los más pintorescos y llamativos hasta los más humildes e insignificantes. También hay héroes de bajo relumbrón, aquellos que, sobre todo, son particulares de cada uno. Hace una semana que, Henrique Raposo, articulista portugués en el diario Expresso, realizó su propia oda, muy particular y personalista, una vez supo cuál era el rival del Benfica en las semifinales de Europa League. Los lisboetas miraron con recelo el cruce, pues les esperaba la Juventus al otro lado, jugando el partido de vuelta, para más inri, en el estadio que albergará la final, la casa de los bianconeros. Henrique tituló su artículo así: “Carta de amor a Vitor Paneira”.

La retrospectiva ayuda a suavizar el mal gesto tras el sorteo. Henrique Raposo, ávido buscando los irrisorios datos que comparten lisboetas y turineses, recordó aquellos cuartos de final de la Copa de la UEFA de 1993, donde hubo un nombre propio cuya relevancia, por aquel entonces, no era mera casualidad. La carta de amor hacia uno de los mejores “7” que ha visto Benfica, a un jugador que amó la zamarra roja de Lisboa. Vítor Manuel da Costa Araújo, conocido como Paneira porque su abuelo regentaba una panadería, heredando el sobrenombre de su padre, soñaba desde pequeño con llegar a Benfica, equipo de la familia. Vitor era un chico que apenas tenía formación de escuela futbolística, la cual empezó a los 16 años en el Famalicao y, después, en el Vizela. Soñaba con ser como Fernando Chalana, referente genuino del fútbol luso en los años 80, aunque él pegado a la banda derecha, su condición y propósito. Era un extremo tremendamente habilidoso, con velocidad endemoniada y una técnica que se fundamentaba en un regate corto de precisión de cirujano. Sin duda, un auténtico artista corriendo el carril diestro, algo que no tardó en verse en un torneo sub-21 en Toulon. Aquello le valió la firma. Le valió que se obrara el milagro. Seguir leyendo…

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Champions: El Real Madrid pega primero (1-0)


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Real Madrid-Bayern: Benzema, Ribery y el camino recto

Benzema - Ribery

Por Alberto Piñero (@pineroalberto), periodista cobertura diaria Real Madrid

Las semifinales de Champions League tienen cierto sabor francés. Y no, eliminado el PSG, no hay ningún equipo galo entre los cuatro mejores del Viejo Continente: a saber, Atlético, Chelsea, Bayern Múnich y Real Madrid. Sin embargo, no es menos cierto que las opciones de estos dos últimos equipos sí que pasan por dos de sus figuras: Franck Ribéry y Karim Benzema, respectivamente, emblemas de la selección francesa, pero también de Bayern y Real Madrid. Amigos, pero también rivales este miércoles. Enemigos íntimos, que se diría. Muy íntimos, además. Pues el ‘7’ y el ‘9’ comparten algo más que unas semifinales europeas. No obstante, hablar de las dos estrellas galas es hacerlo de las dos esperanzas del combinado del gallo para este próximo Mundial de Brasil. La selección española les obligó a clasificarse a través de la repesca, pero sus registros les avalan: 19 goles y 12 asistencias en 61 partidos el delantero, por los 15 goles y 24 asistencias del extremo en 76 encuentros.

Dos Eurocopas lleva disputadas el ariete y el ahora bávaro jugó también los Mundiales de Alemania y Sudáfrica. En 2010, Raymond Domenech dejó fuera de la convocatoria a Benzema por su bajo nivel. Lógico. Y quizás fuera hasta mejor para él incluso que su debut mundialista no llegara hasta este 2014 que le coge ya maduro, futbolística y personalmente. Pues el paupérrimo papel de la selección francesa en Sudáfrica, con múltiples altercados dentro de la propia expedición gala, dejó marcados, entre otros, al propio Franck. Es ese Mundial de Sudáfrica uno de los puntos de unión entre la faceta puramente futbolística ambos, con su lado más extravagante y polémico fuera de los terrenos de juego. Pero no es el único, ni mucho menos. Hablar de Ribéry y Benzema es hacerlo de dos de los jugadores franceses más exitosos, que en su carrera han sumado nada menos que 25 títulos colectivos. Son dos triunfadores natos, cada uno en su faceta sobre el campo. Pero a su vez, son también dos provocadores licenciados. Les enfants terribles. Seguir leyendo…

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Bayern: 33 días y 17 años sin Landauer

33 días aislado, sin poder alimentarse. 33 días sin saber si habría un mañana. 33 días sin saber si quería que lo hubiera. Fue apenas un mes, pero que le cambiaría la vida para siempre. Durante ese tiempo lo perdió todo. Le obligaron a abandonar su casa, sus tres hermanos fueron asesinados, su hermana desapareció y a él se le robó la libertad, el honor y hasta la esperanza. Le arrancaron hasta su propio nombre. Ahora se llamaba prisionero número 20009. Así fue rebautizado Kurt Landauer en el mismo momento en el que cruzó las puertas del campo de concentración de Dachau el 10 de noviembre de 1938, poco antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Por entonces, la Alemania nazi de Adolf Hitler se encontraba en pleno apogeo y Kurt Landauer había cometido un pecado mortal: era judío.

Cuando más de esos perros matemos, menos tendremos que alimentar“, gritaba a diario un comandante de las SS  a sus tropas, según relató años después un prisionero. Las arengas funcionaron. En el campo de concentración de Dachau fueron asesinados 41.500 prisioneros, otros tantos murieron como consecuencia de las condiciones infrahumanas en las que malvivían o víctimas de las heridas provocadas durante sádicos experimentos médicos. Kurt Landauer, sin embargo, logró sobrevivir. 33 días después de que fuera detenido se le concedió la libertad. El gobierno nazi descubrió que ese al que llamaban prisionero número 20009 había defendido el país luchando con el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial y se le permitió ‘escapar’ con vida. Seguir leyendo…

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Champions: El Atlético se estrella contra el Chelsea (0-0)


Empate a nada entre el Atlético de Madrid y el Chelsea en el partido de ida de las semifinales de la Liga de Campeones. Los rojiblancos propusieron un poco más, aunque sin arriesgar más de la cuenta, y no encontraron las vías para superar el planteamiento ultradefensivo diseñado por Jose Mourinho. Las espadas continúan en alto y todo se decidirá en Stamford Brige.

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Fernando Torres: Pensamientos de un niño atormentado

Fernando Torres - Chelsea

Ruido, mucho ruido, a cada paso el sonido es más atronador. El jolgorio de la cancha contrasta con el caminar mudo, pero vivo, de un jugador. Siente que cada paso es más pesado que el anterior. Atrás queda el estrecho túnel, casi por inercia comienza a subir unas pequeñas escaleras, y de repente esa luz, esa dichosa luz le es familiar. Los cánticos entran por los oídos del futbolista e inundan su cuerpo con una sensación, que tantas otras tardes vivió. Mira despreocupado hacia la grada, pero no es pasividad, es emoción, entre los nervios, dibuja una leve sonrisa, los que le querían, no le han olvidado. Un pensamiento aparece por su mente, siete años, siete años han pasado desde que me fui de casa. Su mente no deja de repetirlo. El tiempo pasa volando. Fernando Torres vuelve, como aquel que regresa a su pueblo tras lograr fortuna en una gran urbe. Mil sensaciones. Fernando retorna atormentado, no está bien, pero una sensación inmejorable le invade. Sabe que en este estadio, él es grande.

Faltan poco menos de cinco minutos para que arranque la semifinal de la Champions League. En un estadio que no vivía un acontecimiento así desde hacía 40 años. En cambio, Fernando, sí sabe lo que es un partido de esta magnitud, e incluso lo que es marcar en un duelo tan trascendental. Imposible olvidar la ‘orejona’ lograda en 2012. Cada milésima que pasa es un nuevo recuerdo. Sin razón alguna, o sí, le viene a la memoria una calurosa tarde de mayo. Torres debutaba en este campo, una semana después de marcar en Albacete, con el 35 a la espalda. Toda la afición le aclamaba y eso que aún no había pisado el verde del Calderón. Entonces tenía 17 años. Era 2001 y el Atlético de Madrid estaba en segunda. Nada que ver con su situación actual. Ahora, con la losa de los 30 acechándole, y tras convertirse en el futbolista español por el que más se ha pagado en la historia, vuelve. De repente, un niño que apenas alcanza los diez años, grita su nombre. Ese niño no le ha podido ver jugar. La esencia del Niño sigue presente en cada recoveco de las gradas. Un niño, acaba de hacer feliz a otro niño. Una sonrisa, consigue otra más grande. El himno de la Champions va a sonar, poco falta ya. Seguir leyendo…

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Simeone-Mourinho: Elogio de la personalidad

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Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

Ser humano, en realidad, es ser otro humano. Decía Umbral que cada uno es los libros que ha leído, cada uno escribe lo que ha leído escrito, lo que le ha formado, lo que ha aprehendido. Por lo tanto, vivir es vivir del otro y no tanto de uno, una idea que fundamentó la filosofía de Ortega y Gasset (“yo soy yo y mis circunstancias”) y se puede extrapolar a cualquier ámbito de la vida, incluido el fútbol, que es el brazo más importante de las cosas menos importantes de la vida. Estas divagaciones sin importancia y casi sin contenido se podrían llamar ‘Tiempo recobrado’ porque no soy el que escribo, sino el que lee. Y ustedes, de alguna manera, leen lo que yo leo. Y lo que soy.

La personalidad, en realidad, son los detalles, por lo que no debemos sentir culpabilidad de ser lo que leemos o, en su defecto, estrictamente lo que consumimos. Parecerse no es copiar de la misma manera que imitar no es empeorar. Diego Pablo Simeone y José Mourinho son técnicos parecidos, en personalidad y detalle. O, directamente, en el amor por el detalle. Se dice, y con razón, que el fútbol es de los futbolistas, el activo que juega, decide, sufre, se equivoca y acierta, el que corrige y el que acata, el que niega, el que insulta, el que empuja y el que corre o deja de hacerlo. Pero el entrenador tiene el mérito de gestionar el vestuario, de incidir sobre el qué y el cómo, de poner a los jugadores y de establecer un plan de juego.

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Un desarrollo de Pedro Puig